He sorprendido a la gente pintando un cuadro donde resumo los últimos años de mi vida (digo sorprender porque a primera vista nadie entiende casi nada). Y que sea mi vida no significa que sólo hable de mí, si no de quienes rodea(ba)n a una...
Por eso, creo que ya he explicado casi todas las partes, como piedras que forman el muro del Gran Conjuro de Mayam... y me faltaban estas.
Puede que no haya sido bueno recordar y recordarnos, pero creo que me ha servido de mucho, tanto personal como pictóricamente...
Como casi siempre, me he dejado llevar por mi imaginación que revoluciona la realidad, como las historias que Pablito me contaba... pero simplemente he pintado mi vida, lo que he vivido y de lo que he sido testigo...

En el Gran Conjuro, hablo de nuestros comienzos pictóricos siendo unos críos (con nuestros me refiero a Augusto y a mí) y de cómo evolucionaron y se influenciaron nuestras pinturas desde que nos conocimos... Hablo de mi Diabetes... Y de su Azul... Hablo del presente juntos en España... y de un futuro incierto, como nos decía el profe de latín...
Pero me faltan 2 piedras por desvelar, son 2 piezas que hacen (hicieron) contrapeso en la composición del cuadro, pues están abajo en la izquierda y en la derecha. Cabe aclarar aquí los siguientes términos: abajo = pasado; izquierda = continente Americano; derecha = continente Europeo en el atlas mundial; por eso todo lo relacionado con Augusto se desarrolla en la parte izquierda del cuadro, y todo lo mío a la derecha. Creo que estas 2 piedras nos siguen re-cargando las espaldas, son una parte muy clara y concreta, opuesta a la más confusa y lianta.Son los presentes de nuestras parejas pasadas: Liliana / Chipy.
No crean que fue fácil decidir qué y cómo pintarles, porque lo demás me fue saliendo sólo, quise ser lo más respetuosa y sincera posible, y eso es tremendamente delicado, tal y como siguen ciertas situaciones...
No sé si os gustará lo que cuento, lo que pinto, pero es lo que estoy-estamos viviendo, y necesitaba expresarlo con mis pinceles... Espero, “no volver jamás”, como dijo Frida, a pintaros...
Si con esto vuelvo a rascar heridas, pues recordad que nunca choveu que non escampara... Porque aquí sufrimos tod@s, y tod@s tenemos el derecho y el deber de rehacer nuestra vida... y punto pelota.
Para empezar, muchos ni idea de lo que era esto, pero para más originales mis alumnas, pues una ve un balneario con sauna, y otra ve un circuito de asfalto con línea discontinua... pues nada de eso.

Es como veo a Chipy, que fue mi pareja por 7 años, que se escriben pronto... Voy a atreverme a contar lo que le pinté...
La piedra de Chipy es su casa, su adorado piso, por lo que tanto le he visto trabajar y soñar... Son fondos blancos enredados por barras de acero inox, ese toque minimalista por el que siempre se decantó... junto a esos colores de flor (que vuelvo a repetir que sólo fui consejera, pero es que a la gente le encanta hablar por hablar y seguir inventando). Todo aparentemente frío, nada de madera... El salón verde, naranja y violeta, y la cocina roja... y blanca... y gris... como el otro cuarto. El azul soleado no lo pinté aquí porque sigue iluminando en su propia pared, y eso es lo que queda hasta que tú lo decidas... Las cuadrículas rojas son como las baldosas de la cocina, pero que no todas pudieron encajar entre nosotros...
Lamentablemente me fui, dejando una profunda herida, para él y demás familia... Como todas las heridas, hacen sangrita, pero cuando menos lo piensas ya se curan... Puede que quede la cicatriz, como la de Pipa en mi mano, pero como bien lo dijimos “es lo mejor que pudimos hacer”... Gracias por tanta comprensión y respeto.
Y como el tiempo es el perfecto aliado de las tiritas (invento español, junto a la fregona y al chupachups), uno va primero a urgencias y después a la farmacia, de ahí las cruces roja y verde... y mira tú, que uno nunca sabe dónde lo va a sorprender una doctora que cuide su corazón y sienta ñañaras de latidos con forma de manzana saludable para revivir ambos corazones saturados...
Por último, el nuevo camino con tijeras pegadas en la pared de aquella mujer lluvia, triste, ingenua, y soñadora, del año que tanto llovió... con una cuenta atrás de puntos suspensivos pero con un punto y final. Las pisadas son las que te queden por caminar, por donde la vida te lleve, son grandes como tus pies, y de distintos colores según el zapato que con mucha suerte encuentres para tu horma...

Esta es la piedra de Liliana (ex pareja de Augusto...11 años juntos, ufff)... Aquí ya todos han acertado, que aún sin saber a quién se lo dedico, es un jardín caótico con un huevo ahumado... y un tanto desagradable, confuso y enmarañado. Eso todos lo ven, y aquí sí aciertan. Pero voy a aclarar lo que yo he pintado: es mi forma de ver a Liliana, desde aquí y desde la temporada en que me tocó conocerla...
Evidentemente es como un jardín salvaje, pero tanto verde no es por el cesped si no por otro tipo de hierba... de ahí el excesivo humo que no deja ver más allá de...
Pero hay oculto otro universo: el humo juega con sus cabellos chinos (rizos) alborotados como los días más femeninos de cualquier mujer... Ella también es artista, pero música (por eso los simbolitos, como gotitas blancas, que se refieren al canto en la cultura maya) y que como todo artista, lucha por poder vivir de su arte, pues todos debemos arriesgar en eso, aunque el arte no vuela a favor para alimentar a toda una familia... Creo que para ella es su vida por eso todas las gotitas del canto forman otra gota grande que encierra y mantiene esa forma...
Hay una cabeza cortada, ahogada en la alberca de un mar naranja... es el color del dolor en los cuadros de Augusto. Con una herida que cae como un rayo furioso, y que parece que por la parte de allá le cuesta dejarla cicatrizar. La vida quiso que nos conocieramos así, extraviados entre diferentes colores vitales para él o para mí... Después de tanto contarme y escuchar, y deducir (pues también soy mujer y doy fe de que la intuición femenina existe... y además me declaro meiga de mil colores, y no bruja malvada, que eso es bien diferente) aparece un triángulo también naranja y puntiagudo, como metáfora de algún que otro capítulo desagradable del pasado de ambos...
Liliana es madre, y esto nos queda bien claro a tod@s... Como dice mi amiga Elizabeth sólo hay 2 tipos de seres en el mundo: las madres y los hijos, y creo que todos estamos de acuerdo en eso... Pero también sabemos que madre no hay más que una, pero vamos, que tampoco es la única del planeta... Por eso hay una burbuja azulita, con un brillo en forma de luna-metztli, y otro en forma de canto-maya, y que nació inesperadamente del fervor adolescente de ellos y que sigue creciendo como una hermosa flor que sale de la piedra maternal porque ya tienes o espero que tenga su propio espacio...
Hay algo parecido a un semáforo doble con colores chirriantes, que no pegan ni con cola en el cuadro. Son como 2 molestas luces intermitentes y de alarma o peligro, que para colmo, tienen posados unos insectos que impiden la circulación agradable, que dejan cagaditas en la luz, y es que, como no todo podía ser perfecto, y sintiéndolo mucho, son como los mosquitos que de repente te despiertan en la noche con su insoprotable ladrido y te picotean mientras no te puedes defender. Pues algo así es lo que ayuda a que no podamos vivir ten paz (y esto lo tuve que improvisar pintando pero es que nos lo pusiste a güevo).
Y para darle un final feliz e incierto a esta piedra, está el huevo, con lacito rojo. Es como el kinder-sorpresa que faltaba en esta peculiar familia: es la otra hija que estaban esperando Liliana y Javier, por eso pinté la cascarita encaracolada en su vientre y cobijada entre las raíces de sus entrañas... Ojalá, como dicen por ahí, les venga con un pan debajo del brazo... Aunque no entiendo por qué dicen eso si al crecer siguen necesitando la panadería entera... En fin, cosas absurdas de la vida. Y mientras aquí tenemos que seguir viviendo controlando las raciones de carbohidratos para evitar enfermarme más...
*Aclaración: todo esto lo escribí también hace unos meses, después de haber acabado el cuadro.