jueves, octubre 27, 2022

"El jardín de Frida" es un cuadro y también es el calendario 2023 de Besos de Árbol


Abril 2021. Me comunican amablemente que debo de modificar las medidas del mural "Milpa de mi corazón" que en marzo ya había comenzado a pintar. 

A pesar de la restricción horaria por oleadas contagiaderas de pandemia infinita, salgo a caminar sin rumbo para pensar cómo solucionarlo. Las lágrimas me llevaban al río, pero las piernas decidieron ir al mar. Soy invisible para las luces de la policía portuaria, y me concentro en escuchar las leves olas mientras observo las estrellas. Me fijo en la oscuridad del horizonte y sentada en la arena decido cómo transformar el mural, no solo su tamaño, si no también su composición más reducida, y qué hacer con el lienzo "inservible". Lo tuve clarísimo: Lo convertiría en el jardín de Frida, el de su casa Azul en Coyoacán, CDMX, que pude visitar un par de veces.

De regreso, un mensaje reconfortante y correspondido con quien fue mi colega musical, y entre otras muchas cosas, también acompañante en la distancia de ese mural con destino Cascais.

Septiembre 2021. Retomo el lienzo y a paso muy lento y despreocupado, comienzo a sembrar en él, algunas de las muchísimas especies vegetales que dan vida a ese jardín. 

Parón emocional inevitable de otoño a invierno, y en primavera vuelvo a poner el foco en el lienzo y tímidamente comienzan a brotar más plantas sobre la tela llena de azules.

Verano 2022. Con las ideas claras y reencaminada, decido centrarme en ese cuadro al que siempre le llamaba el cuadrote. Pinto sin parar cada anochecer, y casualmente lo termino el último miércoles de agosto, justo el mismo día que alguien muy especial y yo cumplíamos 25 años de censura familiar. Una, que recuerda y celebra cosas que "ni al caso".  

Los altibajos glucémicos y las pinceladas en ola de calor, siempre más llevaderas con ventilador, frutas, cafés, helados, almendras, la camiseta azul y mucha música, siempre música. Además, el mejor compañero de siestas, pinceles, consejos y cenas, los mejores críticos peludos a mis pies descalzos, y un puñadito de amigxs dándome ánimos con la frescura que les transmitía lo que les iba compartiendo.

Septiembre 2022. Cientos de fotos en varias sesiones lumínicas para registrar la obra terminada, y para que 13 de esas imágenes formen parte del próximo calendario_2023 de mi eco proyecto Besos de Árbol (ahí podéis ver la información detallada del calendario). 

Logré transformar el lienzo de la milpa en el jardín de Frida, con mis recuerdos en ese envolvente lugar. Mis vivencias mezcladas con conocimientos friduchos, aprendidos en los cursos que ofrece el Museo Frida Kahlo, en un cuadro lleno de plantas, árboles, flores y espinas, que arropan a la pasión y al dolor de la vida, con fuego, agua, costuras y lazos familiares, siempre presentes en los autorretratos de Frida con sus animales de casa. Y después de pintar tanto, lo convertí en calendario, donde cada mes nos acompañará un detalle, o pequeño universo, de la obra completa.

Gracias especiales a Augusto Metztli por ayudarme con el diseño, la maquetación y todolodemás, un año más; y a Horacio Medina por los nombres exactos de las plantas retratadas y demás promesas cumplidas.


 
El cuadro lo pondré a la venta no sé cuándo... Pero si te apetece tener un calendario puedes escribirme para reservarlo y organizarnos con la entrega/envío. Espero te guste. Muchas gracias.

Fotos: Marthazul

 

jueves, octubre 13, 2022

Le Petit Garage, mucho más allá de sus luces y sus sombras

 

La banda de Petit Garage (bolígrafo sobre papel; 9 x 14 cm) 

Dibujo hecho en la completa oscuridad del directo (octubre, 2021)

Cerdos impostores decían llamarse en lo que fue su gira "Le Petit Garage", de aforo reducido y enmascarillado, para la que tuve el regalo de 3 entradas en zona A y solo decidí usar una de ellas. Una por descoloque emocional, otra por gratitud amistosa, y la otra por dignidad llovida.

 Publicado aquí un año después de tanto, del todo y la nada (otoño 2022).

 

Inquietudes de Ara Malikian (bolígrafo sobre papel; 9 x 14 cm) 

Dibujo hecho en la completa oscuridad del directo (octubre, 2021).


*Algunos de los incontables movimientos de Ara Malikian envuelto en brillos de escenario.

 

 

* Escribí esto en noviembre de 2021 con idea de dejarlo publicado desde entonces:

La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar.  Una banda de músicos tan talentosos como lo infinito de sus rizos.

Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín: Ara Malikian, y su banda.

Sabía la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.

A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas”. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.

No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor, tanto que tuve entradas para el pase de la tarde y el de aquella noche de discreta luna creciente.

Abrí la mochila verde, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, frutas, almendras, una libreta, un bolígrafo de colores, un regalo-trueque y poco más.

Silencio, expectación y un rotundo prohibido grabar (de ahí salieron estos dibujos “sin ver”). Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude saborear todo el repertorio, algo así como percibir la armonía de colores en un cuadro bien pintado o la mezcla de ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial.

La buena onda que transmiten entre ellos es cierta, y eso se nota cuando se vive tanto arriba y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la fluidez de Iván Melón Lewis, Iván Ruiz Machado, Dayan Abad García y Georvis Pico Milian, vayan de la mano es tarea delicada, y cuando surge es una maravilla.

Era un paréntesis espacial en estos tiempos de pandemia infinita en un mundo que no pertenece a nadie.

Emoción, cercanía, libertad y arte entre artistas.

Fue lo mejor de mi otoño.

Dayan, gracias por este “agasallo máxico” (octubre, 2021).

 

** En enero de 2022 comencé a cambiar detalles clave porque todo me lo voltearon: 
 

La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar.  Una banda de músicos tan talentosos como lo que va quedando de sus rizos.
  

Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín: Ara Malikian, y su banda.  

Sabía la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.  

A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas” de Nata Moreno. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas. 

No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a mi favor, tanto que tuve entradas para el pase de la tarde y el de aquella noche de discreta luna creciente. 

Abrí la mochila verde, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, agua, frutas, almendras, una libreta que se llenó de renovados y desafiantes azules, un bolígrafo de colores, un regalo-trueque que pasó de super agradecido a despreciado... y poco más. 

Nervios compartidos, expectación, silencio y un rotundo prohibido grabar (de ahí salieron estos dibujos “sin ver”). Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude saborear todo el repertorio, algo así como percibir la armonía/equilibrio de colores en un cuadro bien pintado o la mezcla de ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial. 

La buena onda que transmiten entre ellos es cierta, y eso se nota cuando se vive tanto arriba y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la fluidez vayan de la mano es tarea delicada, y cuando surge es una maravilla. Que se solapen actitudes machistas, también va en parte de esta banda.

Era un paréntesis espacial en estos tiempos de pandemia infinita en un mundo que no pertenece a nadie. 

Emoción, cercanía, libertad, arte y tantos secretos entre artistas. 

Sentí que había sido lo mejor de mi otoño, pero fue lo peor de mi invierno.

Dayan, gracias por este “agasallo máxico” que convertiste en humillante, doloroso y decepcionante, rompiendo una amistad de más de 20 años... sin más.

 

*** En mayo de 2022 también me ví obligada a modificar el texto que en su momento les pareció una delicia; algunos me daban la enhorabuena por mis palabras para luego amenazarme y silenciarme:

 

La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar un evento de Cultura segura en aquel momento de libre acceso y sin ola contagiadera.  Una banda de músicos tan talentosos (musicalmente hablando) como lo infinito de sus rizos.


Sabía de la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.


A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas” dirigido por Nata Moreno. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento y la realidad de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.


Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín, Ara Malikian, fue inolvidable.


No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor como reflejo de una amistad que creía tan sincera como peculiar desde hace décadas, con acceso para los increíbles pases de aquella tarde soleada y noche de discreta luna creciente.


Abrí mi mochila arbórea, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, agua, frutas, almendras, un bolígrafo de colores, una libreta en blanco que se llenó de renovados azules, un regalo trueque que se fue al olvido y ya.


Nervios compartidos, expectación, silencio y un rotundo prohibido grabar. De ahí salieron estos dibujos “sin ver”, que necesité trazar a oscuras en un papel sobre mis piernas, mientras me dejaba envolver por la música. Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude saborear todo el repertorio desconocido para mí hasta entonces. Fue algo así como percibir el inexplicable equilibrio de colores con sus luces y sus sombras en un cuadro bien pintado o la deliciosa mezcla de ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial. Era un paréntesis espacial y palpable en tiempos de pandemia infinita en «este mundo que no pertenece a nadie».


La buena onda musical que transmite la banda al completo es cierta, y eso se nota cuando lo viven tanto arriba y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la naturalidad de Ara Malikian, Iván Melón Lewis, Iván Ruiz Machado, Dayan Abad García y Georvis Pico Milian vayan de la mano, es tarea delicada, y cuando surge es una maravilla, como ver un espectáculo de natación sincronizada sobre el escenario. Pero la misma facilidad tienen para solapar malentendidos con silencios absolutos que ellos mismos convierten en actos machistas.

 



Emoción, cercanía, libertad y arte entre artistas

 

Sentí que había sido lo mejor de mi otoño, pero se convirtió en lo peor de mi invierno.


Dayan: Gracias por este “agasallo máxico” que convertiste en engañoso y humillante. Que tu silencio apague tu música, con la de «tu ángel» y los demás. Más allá de tus manos está saber hacer el mejor arreglo para esta canción... Como siempre.


Marthazul (otoño 2021-primavera 2022).

 


 

viernes, octubre 07, 2022

Sentir y pintar, antes y ahora

El verano de 2006 fue de esos veranos en los que pinté mucho, inspirada en muchas canciones del otro lado del Atlántico.

Entre la improvisación mágica y especial de "Candela Blues" a "Azul con sabor a menta", surgió "Así me siento" inspirada en algo más que un charco de rosas. Comenzando aquel otoño pinté otro cuadro más improvisado aún que fue "El empiezamiento de la cuesta azul con piña". Y todo siguió cambiando, pero pintar estos 4 cuadros, y comenzar algunos más, fue demasiado significativo y terapéutico para mí.

Tantos años después, esos 4 cuadros tienen sus respectivos hogares en Vilanova, Madrid, Barcelona y Holanda. Ninguna de sus dueñas se podrá imaginar lo que significan exactamente, porque como siempre me dicen amigxs y clientes: "Nunca sabremos qué quieres decir con tus secretos pintados, pero nos gustan". Son como poemas en idioma desconocido, que no los entiendes, pero tienen algo que te tocan el alma, aunque solo mi cabeciña y mi corazón saben exactamente qué significa cada elemento de cada cuadro. 

Casi finalizando este invierno de 2022 pinté un par de ilustraciones, con sangre menstrual sobre papel, que titulé "Así me siento... 16 años después". Necesitaba repetir el título, pero con la evidencia actual. Una manera de aceptar cosas de la vida de artista que elegí. 
 

 Marthazul.

sábado, septiembre 24, 2022

Al margen de ojalá en Vilagarcía

  

Foto: Marthazul, junio 2021

 

La primavera de 2021, cuando pintaba el mural portátil "Milpa de mi corazón", recibí el disco dedicado de Andrés Iwasaki que había apoyado por Verkami.

Vi la 1a edición de "la Voz" en Antena3, porque allí trabajaban varios músicos que giran con grandes y reconocidos artistas y que, especialmente a uno, consideraba muy buen amigo desde hace muchos años. Así, en pretérito imperfecto.

Conecté con Andrés en cuanto lo vi y escuché, desde su audición a ciegas a su "Ojalá" de Silvio. Comencé a seguirlo por redes, y lo más importante: Escuchar sus nuevas canciones y apoyar su trabajo de verdad, porque ya sabemos, unas más que otras, cómo es esto de vivir del arte.

Fue especial aquel concierto con Paula Iwasaki en el mítico Libertad 8, en tiempo super pandémico, solo con público virtual.

Más especial fue, que cuando A.Metztli me preguntó quién podría versionar "La LLorona" yo pensé directamente en Andrés. Se lo comenté y me dijo "Sí".

Para la semana, los días 27 y 28 de septiembre, vendrá al pueblo y dará un par de conciertos con entrada inversa en Rock Bar Miúdo gracias a la organización entre Augusto y Óscar. Estáis invitadxs a ir.

Ojalá no tenga que hacer desaparecer esta publicación pictórica-musical de mi blog, y ojalá podamos abrazarnos entre cocodrilos, árboles y subjuntivos.

Andrés, gracias por tu comprensión y tus buenas palabras siempre.
 



viernes, diciembre 31, 2021

2021 se fue y así fue

Se fue el año de pasarme días sin salir de casa por decisión propia, y el de caminar, nadar y abrazar la vida con otra libertad.
 
El año en que vi morir en brazos a mi alma gemela de 4 patas y pompón; el año en que las lágrimas se convirtieron en semillas, que serán charcos, árboles o calamares vivos.

Se fue el año de engaños crudos, decepciones desenfocadas, y fugaces promesas incumplidas. Pero también se fue el año de las amistades nuevas y el de las resurgidas y tan cuidadas por una complicidad de ley.

El año de intentar aprender a pintar mis rayas mientras unos lienzos esperan en blanco, después de que otros los haya podido llenar de agridulces áureas con renovados azules.
 
El año de comenzar, por fin, a hacer composta, con los residuos orgánicos vegetales, y con la intención de hacer lo mismo con algunos recuerdos y heridas que sigo sin saber a qué contenedor les corresponde ir para su óptimo reciclaje.
 
El año de bañarme en un prado de margaritas, el de descubrir cómo los líos pueden crecer como lirios creyendo jugar a la locura.
 
El año de detenerme a reflexionar más y mejor, el de la paciencia infinita socializando entre paredes con un par de duendes peludos.
 
El año de desaparecerme en algunos muros virtuales y el de escribir incontables cuadernos de papel reciclado.
 
El año de cambiar de la exótica luna viajera a la milpa de mi corazón

El año de negarme a ser un número para todo, el de poder decidir y esperar, el de dejarme llevar e intentar dejar ir... Intentar.
 
El año de volver a ir sola a un concierto, y sentir la música en directo a flor de piel.
 
El año de la improvisación y las sorpresas bien disfrutadas, el de saber cómo saborear las pequeñas oportunidades que se convirtieron en grandes, aunque después me las hayan arrebatado de las manos, girándome la cara, e hiriéndome más allá del alma.

El año de confundir las intuiciones, el año de reposicionarme. El de saber que los huracanes suceden en los paraísos.
 
¿Y ahora? Sigo pinchándome los dedos, la cadera y el corazón traqueteado, observando cómo hablan los árboles, siempre respetando su timidez, y cómo resisten las margaritas con los cambios de las mareas. 
 
Me quedaré cuidando a Pancho. Buscando mi Everest o mi Lobeira para poder encontrarme, pero sin dejar de ser yo. Sin dejar de fotografiar instantes y escribir lo que siento. Confiando en equilibrar las glucemias y retomar los pinceles para pintar flores y lunas de colores.
Marthazul, enero 2022.

 
Collage de instantes inolvidables (Marthazul 2021).
 
 

viernes, abril 02, 2021

13 años conectada a una bomba de insulina

Hace justo un año escribía ESTO intentando creer que el confinamiento de la pasada primavera era algo puntual, no eterno y engañoso como parece.

Hoy cumplo 13 años conectada a la bomba de insulina (B.I.C.I.), sigue siendo la misma (Cachisme rosa) porque un tal covid19 detuvo demasiadas actividades a-normales y porque una bomba nueva supone aceptar la conexión permanente a un sensor de glucemias... Y no quiero tener más cacharros clavados en mi cuerpo.
 
En 2020 estuve 38 días encerrada porque alguien del Hospital me ordenó no salir ni al pan y después quiso obligarme a conectarme otro sensor, porque supuestamente soy "un número (no persona) de super riesgo" pero solo cuando a ellxs se les antoja; menos mal que mi doctora actual es cada vez más comprensiva con mi hipersensibilidad y es la primera en decirme que nadie me obligará a llevar nada extra que yo no quiera.

Como una vez me dijo un doctor hace bastantes años, sigo siendo una diabética indomable, porque por mucho que me pase las 24 horas calculando raciones de carbohidratos con unidades de insulina, la vida siempre tiene su impredecible aportación que hace que mágicamente mis glucemias suban y bajen a su antojo, sin importarles que sea de noche o día festivo, viernes santo o findeaño.
 
Harta de que me digan cosas como: "Haz vida normal" MENTIRA, cuando lo 1º que haces al amanacer es pincharte un dedo; "Pero tú te cuidas y estás controlada" MENTIRA, cuidarse no tiene nada que ver con mantenerte equilibrada glucémicamente hablando; "Con la bomba mejorará tu Hb1Ac y tu calidad de vida" MENTIRA, la hemoglobina glicosilada varía según tus des-niveles, o incluso mejora si te la pasas en hipoglucemia y no te sube pero no vives, y la calidad de vida estando pendiente de tantos factores como hasta la manera de vestirme, pues la pongo en duda... O será que soy una excepción que rompe casi todas las reglas. 

Siendo bombera genero demasiados residuos médicos cada 3 días aproximadamente; a veces los planes se rompen porque el catéter se llenó de sangre, y tienes que detener lo que estabas haciendo para atender a los accesorios que llevas clavados en la piel; te despiertas cuando no querías, debes de pincharte un dedo porque te sientes rara, y con las pocas neuronas que tienes activas decidir si te tomas un azucarillo o dos en caso de estar con hipoglucemia, y saber pulsar los botones correctamente cuando tu cuerpo y tu mente están súper débiles, y en caso de estar con hiperglucemia debes de quedarte alerta para pincharte el dedo cada 30 minutos, ver qué pasa y decidir cuál será el siguiente paso; y después tienes rebotes glucémicos con sus respectivos bruscos cambios de humor... Brusquísimos, y nada saludables ni para tí misma ni para quién esté contigo.

La mejor alternativa natural siguen siendo los baños de bosque con los sueños del oleaje y la calma del Mar.

 
Fotos: Marthazul


jueves, diciembre 31, 2020

2020 año de Mar

En este extraño 2020 me di el lujo de visitar el mar muchas veces, desde antes de la pandemia. Durante el encierro forzado fue de las cosas que más extrañé: poder acercarme y observarlo. 

En cuanto surgió lo que llamaron desescalada por tramos horarios, me fui casi directa, me emocioné al ver que el plátano solitario, que habían mutilado el verano pasado, había rebrotado ante el vacío humano, y a veces madrugaba para verlo con otras luces. También me gustaba cruzar miradas con el puñado de gente con la que coincidía en el espacio-tiempo contemplativo.

En los meses de verano fui casi a diario a bañarme, a pesar de la nueva a-normalidad con mascarilla, y mi cuerpo contracturado lo agradeció infinito. En otoño aún me atreví a meterme a la fría agua atlántica y ya en invierno sigo regalándome esos momentos con el mar. 

Entre todas las visitas tengo cientos, quizá miles, de fotos.

En una de tantas, alguien que cree conocerme por haber sido mi profesor de primaria, me gritó a lo lejos: "No hagas fotos, tienes que pintarlo". Le respondí algo así como "¿Por qué? ¿Para qué? y cada quien siguió su camino.

Me molestó que alguien que nunca me compró un cuadro, tenga ese descaro de decir lo que cree ser un cumplido. Pero a estas alturas de mi vida, tampoco puedo esperar gran cosa del padre de una doctora que alguna vez me dijo: "Los cuadros se estropean con un par de mudanzas y si se rompen por descuido no importa"

Y no, no le hice caso, no pinté más mares, si no que lo fotografié todavía más. Tengo varios mares sobre lienzos esperando ser terminados, pero no tengo prisa pues casi nadie los quiere. O mejor dicho, la mayoría de la gente no está dispuesta a pagar por mi trabajo, hasta ahora solo un puñado de mujeres lo valoran y por personas especiales como ellas, retomaré los pinceles quién sepa cuándo.

Hoy quiero compartir una probadita de mis fotos de mares, del mismo y cambiante mar que tanto me dio este 2020, así como otras cosas bonitas y tan ajenas al invasor y aplastante covid19. Nadé con el sol y la luna muchos días, con lluvia y con alguna nutria viajera también. Vi cómo brincaban los peces brillantes entre las algas. Aprendí los tiempos de las contrastadas mareas. Contemplé nubes de todos los colores y continúo maravillada por los enigmáticos e infinitos azules del agua salada.

No quiero quemar calendarios, ni mucho menos pretendo olvidar, si no seguir aprendiendo y disfrutando de las sorpresas de la vida que a veces aparecen a ritmo de Mar... Gracias 2020. 

Fotos de Mar_es: Marthazul

                                                    

"El jardín de Frida" es un cuadro y también es el calendario 2023 de Besos de Árbol

Abril 2021. Me comunican amablemente que debo de modificar las medidas del mural "Milpa de mi corazón" que en marzo ya había co...