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sábado, octubre 03, 2026

Septiembre se fue


Septiembre se fue, con soles, lunas, calor, viento, lluvia y eclipse de nubes.

Septiembre se fue con Yemayá y Oshún, con azules permanentes y renovados amarillos.

Septiembre se fue con ocho catéteres mejor recambiados y algunos chakras des-equilibrados.

Septiembre se fue regalándome antes 46 años de vida, y 40 de ellos con diabetes tipo1, que como bien dijo Loli: “… eso vale el doble”. Añadiría que, a veces, el triple.

Septiembre se fue con nuevas páginas floreciendo y láminas floridas por llegar.

Septiembre se fue con libros viejos y nuevos por leer. Septiembre se me fue leyendo a May S y a Annie D.

Septiembre se fue con varios baños en el mar y paseos dentro del río, entre ranas y murciélagos.

Septiembre se fue sin pintar con pinceles. Septiembre se fue lleno de palabras escritas.

Octubre está llegando. Octubre me trae recuerdos agridulces. Octubre partida en dos, octubre que da frutos nuevos y marchita hojas. Un octubre más vuelvo a pasar página, o al menos intentarlo sin tristeza, que ya es mucho. Octubre lleno de estrellas, octubre estrellado.

Septiembre se fue con mareas transparentes, brincos de conejos y frutas ya otoñales. 

Septiembre se fue, y como cantaba RT: “... No está, se fue, sin abrigar despedidas. Y la palabra volver ya se esfumó, cual si fuera esta canción.” 

 

jueves, abril 02, 2026

18 años con bomba de insulina


18 abriles amaneciendo con una bomba de insulina. 

Azul, morada, rosa, negra, negra, negra-arcoiris... Más de 39 años con diabetes y 18 siendo bombera. Ya van 5 bombas de insulina conectadas a mi cuerpo.

"Marta, el dosdeabril te ponemos la bomba."

Así me dijo bien alto, aquel desconcertante invierno de 2008, la que fue mi enfermera-educadora por muchos años. Bien alto para que se enterase toda la gente que estaba en la sala de espera y en el pasillo esperando para entrar a las consultas de Endocrinología en el hospital de Montecelo. Tan alto y claro que se me quedó tatuado en la memoria, como tantas palabras. Siempre creí que era muy bruta, pero comparada con quienes vinieron después (especialmente post pandemia) fue de lo mejor en el trato, al menos, también me hacía sonreír... No digo más al respecto.

17 años con bomba de insulina, este collage lo preparé el abril pasado y no pude, ni quise, publicarlo hasta ahora que entro al blog. Hacía tiempo que no quería escribir publicamente sobre la diabetes, pero cumplir 18 años siendo usuaria de B.I.C.I. me parece un dato destacable.

 

18 años de nervios, mareos, llantos, incertidumbres, miedos, sangre, picores, dolores, hartazgos, sustos, desprecios, sensores insensibles, molestias, quejas, soplidos, cambios, recambios, y querer mandarlo todo más allá de la chingada.

18 años de aprendizaje, abrazos, aceptación, árboles, viajes, flores, mares, conejos, aviones, trenes, taxis, murales, cuadros, paréntesis, reciclaje extra, malabarismos, mucho autoconocimiento y momentos colibrí.

18 años = más de 2.000 catéteres (sí, más de dos mil) pinchados en mi piel y cargados en mi cuerpo. 

Gracias a quienes seguís estando "desde lejos" (el acompañamiento con cariño a distancia ayuda más de lo que creéis) y GRACIAS ESPECIALES a Augusto, por tanto y tanto, por todo. Nunca imaginamos que a partir de entonces nos convertiríamos en doctora+enfermera+psicóloga+ingeniera 24/7 de mi diabetes, así por amor al arte...



sábado, junio 28, 2025

Azúcar

 

 

Casi 39 años conviviendo con diabetes tipo1, no es de la mala, ni de la buena, es la que es, solo hay una, y cada quien la llevamos como mejor podemos o sabemos según las circunstancias de nuestras vidas.

Cuánta más experiencia más la normalizo y a la vez más me harta por todo, porque es una mochila que JAMÁS puedes soltar, y por eso a veces pesa mucho, quizá demasiado.  

Hoy lo que quiero destacar, no son las infinitas decisiones que tomo cada día al respecto para hacer eso que algunos llaman "vida normal", ni los pinchazos para siempre. Hoy quiero hablar del azúcar que SÍ me tomo para sobrevivir. La gente diagnosticada con diabetes no tenemos alergia ni intolerancia al azúcar. Debemos de calcular las 24horas la cantidad de carbohidratos que no solo están en los dulces, si no también en el pan salado, la pasta, el arroz, algunos snacks, los productos "sin azúcar", etc, para intentar hacer un buen balance para esta supervivencia entre cálculos de raciones de hc, dosis de insulina, ejercicio, y algo muy importante: el ánimo y humor que tengamos en cada momento, y que a día de hoy, ningún sensor de los muchos que probé en mi propia piel, me ayudó a evitar desniveles.

Estás viendo bien: la foto es de un par de cajas de azúcar, una de sobrecitos y otra en terrones. Sí, son las cajas que compro en el super, y no es un post patrocinado. Ojalá todo se arreglase con la frase que nos harta tanto de "Tú no puedes tomar azúcar". Ese mismo azúcar que NECESITO para reponerme cuando me da una hipoglucemia. Podría tomarme geles o pastillas de glucosa que venden en farmacias, pero me dan náuseas, y el azúcar 100% blanco (el peor nutricionalmente) es el que resucita mis neuronas a la hora que sea. 

Hay temporadas, como el comienzo del verano, que el calor hace su magia y me dan más hipoglucemias inesperadas, muchas veces con su hiperglucemia de rebote. Estas últimas semanas tuve que reponer caja de azucarillos, que tengo tanto en una mesa, siempre a mano, como en una bolsita en mi bolso, con la pila de la bomba. Sí, así de romántico todo, como así de cansino, y confusamente dulce. Debemos de evitar tomar azúcar, pero es el azúcar quien nos salva. Como una relación tóxica, o confiar en la policía o en parte de algún equipo médico con medallas. Un sinsentido del sistema, de la vida.

Malo si me sube mucho, malo si me baja demasiado. Malo estar normal antes de dormirme, malo amanecer alta por evitar un bajón de madrugada. Todo está mal decidido cuando quien decide eres TÚ SOBRE TU PROPIO CUERPO. Siempre está bien, si quien decide es un aparatejo con su tecnología que no entiende de emociones.

Esto lo escribía haciendo el llamado "tiempo  de espera" para comprobar que la noria se detenía en un punto balanceado, donde poder contemplar un saludable y armónico atardecer.

Pues eso, que el azúcar nos salva, siempre que lo tomemos cuando sea necesario, y si nos apetece un pastelito, saber gestionar externamente lo que cualquier páncreas sano, hace por dentro a ti, a ti y a ti.

Así que repite conmigo hasta que lo entiendas:

Puedo y necesito tomar azúcar.

martes, junio 25, 2024

Pancho

 

 Pancho (24 febrero 2020 - 19 junio 2024)
 
 
Pensamos en adoptar a Pancho, que ya llevaba meses habitando AGAE, poco después de la repentina muerte de nuestro querido Cartulino (enero 2020) y por ver a su compañera Libreta buscándolo sin respuesta. Fuimos a la clínica Quetzal de Vigo a recogerlo, le pagamos su billete de tren y viajamos de regreso con él. Los besitos que nos daba mientras esperábamos en la estación eran el presagio de un gran amor.
 
Coincidió su cuarentena de adoptado con el comienzo de nuestro confinamiento mundial, y una larga socialización de 20 meses, de la que nos dieron el alta el inolvidable día después de Regalarlo todo al olvido.
 
Tras la decisiva aceptación de Libreta, pudieron disfrutarse apenas un mes exacto. Ver morir a Libretilla en mis brazos fue tan tierno como doloroso (noviembre 2021). 
 
Pasamos meses solo con Pancho mientras avanzaba el duelo. Luego nos tocó pasar a él y a mí varias semanas en casi absoluta soledad. Semanas donde aprendió a subir a la cama, a ver alguna película conmigo, a acompañarme mientras leía, a escucharme reir y llorar, contándole mis alegrías y mis penas entre pinchazos. 

Casi por magia divina, me demostró que había aprendido a ser un sensor de glucemias peludo y con pompón, porque desde entonces, las veces que tenía algún desajuste glucémico nocturno, era él quien me despertaba para que me revisara el azúcar, dando saltos o regalándome besitos.

Tiempo después adoptamos a Eida (abril 2022), porque lo más recomendable es que los conejos vivan con otrx conejo del sexo opuesto siempre mejor castradxs. Mientras tanto, Augusto y yo, fuimos su manada.

Con Eida la socialización fue muy rápida y llevadera, pasaron más de 2 años juntos literalmente. Eida siempre fue muy respetuosa y buena cuidadora cuando él estaba malito. Se querían mucho, eran inseparables. Pero los últimos meses, Pancho se enfermaba muy a menudo. Siempre lo fuimos salvando, sobre todo gracias al pintor de la casa que tiene muy buena mano como enfermero cuidador. Siempre muy pendientes de él, tanto si salíamos unas horas, como para organizarnos y salir por separado, para que nunca-nunca se quedase solo por mucho tiempo. Siempre observándolo, fueran las 3 de la madrugada, las 8 de la mañana o las 7 de la tarde.

Hace justo una semana nos regaló varios saltos a la cama con acrobacias fugaces llenas de felicidad, siempre con sus hebras de heno pegadas al cuerpo. Nos reímos muchísimo, y empezamos el día sonriendo, quizá para compensar lo que nos esperaba. Esa misma tarde Pancho no quiso merendar. Jarabe, doble pinchazo, papilla, y nada. El miércoles 19 lo llevamos con el veterinario a la clínica San Miguel de Vilagarcía. Decidió que lo dejásemos ingresado toda su jornada. Lo intentó todo, pero cuando llegamos estaba sondado y muy débil. Aún así tuvo energía para al vernos y escucharnos, abrir más los ojillos y girar la cabeza hacia nuestras voces. 

Regresamos con él, no se tenía en pie. Decidí envolverlo en su mantita para que mantuviese el calor. Al poco rato, lo vimos estremecerse sacudiendo las patitas, escuchamos su quejido final y así murió en mis piernas lleno de amor, lágrimas y caricias infinitas.

Eligió irse con la primavera, tan intensa como él. Sabía que ahora podía descansar al lado de su querida Libreta, frente a las caléndulas de Laura, cerca del limonero de Loli, el carballo de Cartulino, y todos nuestros árboles que alguna vez fue conociendo en el balcón. 

Pancho: GRACIAS por todo el aprendizaje, la complicidad, la paciencia, la constancia, el cariño infinito, los saltos inesperados, los besos sorpresa, tu mirada cómplice. Gracias por darnos los tiempos de ir a talleres, a ferias, a exposiciones, al cine, algún concierto, al bosque, al mar. Gracias por estar a mi ladito siempre que podía pintar. El caballete seguro también extraña los besos que le dabas. Gracias a todas las personas que siempre preguntabais por él, y lo cuidabais en la distancia. Ahora toca cuidar a Eida tan bien como lo hacías tú. Te extrañamos y te querremos siempre.


martes, abril 02, 2024

16 años conviviendo con bomba de insulina

 


Casi 38 años conviviendo con Diabetes Mellitus tipo1 y hoy cumplo 16 de vivir conectada a una bomba de insulina: La azul, la violeta, la rosa, la negra y la negra repuesta con funda arcoiris. Y de haber probado en los últimas 2 décadas, bastantes sensores de glucosa, desde los más rudimentarios a principios de milenio hasta los más sofisticados, pero ninguno cumplió su función "benefactora" en mi cuerpo&mente.

Sí, edad adolescente de eso que algunxs se atreven a llamar páncreas artificial. Que solo llevarla enganchada pareciera que te salva de todo mal. Mentira.

Sí, 16 años de escuchar entre sala de espera y pasillo "Marta, el 2 de abril te ponemos la bomba". Frase de la enfermera-educadora de entonces que se me quedó más que tatuada y que en su momento me molestó, pero comparada con las que tuve que escuchar en los últimos años, se queda muy corta.

Sí, errores del pasado, falta de tacto profesional, daño emocional que arrastra la retranca galega. Ahora ser "diabética indomable" o "la bella durmiente" casi son halagos.

Lamento que jamás me preguntasen algo tan sencillo como: "Marta, qué te pasa? Qué hizo que la HbA1c subiera así en tan pocas semanas?".

Y ante mi implacable silencio por sentirme siempre la niña pequeña que no decide por sí misma y mejor estar calladita, decidiesen ellxs "vamos a programar ponerte la bomba" así sin más, porque sí, porque iba a ser lo mejor para mí, porque se creen que me conocen tanto que no hay manera de dialogar, y porque iba a encajar en la estadística, en la suya.

El ambiente familiar en el que tuve que crecer no me dejaba ver casi nada, y menos mal que tenía la pintura como vía de escape. Ahora sé que mi hemoglobina glicosilada subió sin parar porque en mi propia casa no admitían ni respetaban o ninguneaban mis decisiones, porque tuve que convivir con un hermano maltratador, una madre que lo consentía todo silenciando lo que a mí me parecía tan injusto y no respetaba las elecciones que me hacían feliz, y un padre que se bloqueaba ante tal situación, y siendo ilusa creyendo que todo iría a mejor. Mentira.

Pero no hay vuelta atrás. Lo hecho, hecho está. Una vez CONECTADA POR OBLIGACIÓN, soporté más de 4 meses de mareos casi diarios, y todo era "por mi bien", que yo estaba mal pero todxs creían que así no. Y seguí admitiendo que yo era más libre con los multi pinchazos diarios. Pero no me querían creer. Cuando me atreví a retomar el tratamiento de siempre, casi 21 años después, mi cuerpo lo rechazó y nuevamente me tengo que aguantar, y respirar, volver a la bomba como agarrar un clavo ardiendo, y reflexionar, y llorar para desahogarme y retomar fuerza para volver a intentarlo, y pintar o nadar para dejar atrás.

Sé de sobra que todo eso lo soporté porque aún era menor de 30 (ahora con más de 40 años, las cosas son diferentes) y porque tuve la suerte de lograr compartir mi vida con alguien que no me juzga e incluso me ayuda muchísisisimo, especialmente cuando me mareo, o cuando mis brazos se agarrotan y mis dedos se bloquean por los múltiples problemas musculares, y me convierto en un harapo de nervios cual Llorona con patas, pero sobre todo me respeta y logro sentirme libre. Además de la maravillosa compañía peluda y con pompón que corretea por la casa.

Esa falsa libertad de la que siempre hablan se desvanece cuando desde el servicio técnico de Medtronic solo responden si alguna pieza se rompe, si no apáñate tú; y del equipo médico de Endocrinología de Montecelo, especialmente quienes están desde antes de la pandemia, voy a destacar lo siguiente para dejarlo en público. Dicen estar saturados pero NO escuchan y me llegaron a decir cosas como "Estoy cansada (de tí), búscate otro endocrino, así no vas a mejorar, ya estás mayorcita; tú verás, tienes que pensar un poco más en tu diabetes (ahora deben de tener sensores que se meten en el cerebro y miden lo mucho o poco que cada quien dedica a gestionar su patología por minuto), te cambio de tiras (pero te dejo con muchas menos sabiendo que sin sensor no puedes vivir con 4 diarias), eres un caso raro pero no puedo dejarte sin insulina (ganas no le faltaron por no encajar en sus ideas, y para convencerme de usar sensor en vez de tantas tiras porque de "tienes que pincharte más los dedos para mejorar el autocontrol" a "te pinchas mucho" -malo si no lo haces, peor si sí- terminó hablándome de €uros como si mi tratamiento se lo quitasen de su sueldo, y no tiene ni idea de lo que supone para mi bolsillo acudir a una cita médica). Y los extras del desabastecimiento de recambios que sufrimos desde el verano y escuchar cosas como "Pon tú la queja a Medtronic, desde el hospital no podemos hacer nada" (son ellos los intermediarios, pero sí pueden nada más que dejarnos indefensos y más vulnerables de lo que somos, y mientras búscate la vida). Te hablan de libertad pero es falsa como son sus frases hechas.

Así lo más destacado de los últimos años, meses. Y como broche de oro dejo aquí lo que me pasó en febrero: "Sí, tenemos material, te aparto 3 cajas de 9mm, ven cuando quieras a por ellas". Voy y me encuentro con 3 cajas de 6mm y 3 de sensores. Saben de sobra que no los uso por diversos problemas; le pido que por favor me den de 9mm, que los de 6mm me están dando muchos fallos técnicos y por lo tanto, glucémicos y emocionales, y responden "solo te puedo dar una de 9mm por si viene gente que las necesita". Ante la desesperación la agarré como si fuera lo más valioso, y claro que lo fue, porque esa y otra caja que tenía me salvaron el trimestre, estirando los tiempos de cambio. Pero bajando a pie por el camino de árboles llegué a pensar que YO NO SOY GENTE, para ellxs no soy nadie, soy la rarita, la que pone quejas y en caso de ser respondidas, llegan tarde. Pero también soy la que logró bajar la dichosa cifra de HbA1c sin sensores de última generación, cambiando el equipo más allá de los cuadriculados 3 días, y sobre todo CON AUTOCONOCIMIENTO. Eso que no quieren ver, pero era eso o me ganaba empeorar más mi salud mental. Logré calmarme, aceptar los vaivenes glucémicos y amistosos, disfrutar de los momentos colibrí, restarle importancia a tanta programación, dejar de usar cierta ropa para mi mayor comodidad, centrarme en el ahora, y valorar las cosas buenas que tiene llevar este cacharro las 24horas clavado al cuerpo, como es en mi experiencia, ser más flexible en horarios y poder corregirme fácilmente en cualquier momento, sobre todo por las noches, y saber usarla y programarla porque los años y cierta inteligencia, me avalan. Sí, le ponen más cariño en cualquier tienda de electrodomésticos cuando vas a por uno nuevo, que las últimas 2 bombas que recibí cual caja sorpresa, dale tú a los botoncitos, ya sabes cómo funciona, ya la programas tú como si fuera una tv o un teléfono.

Si leíste hasta aquí, disculpa el tono y gracias por tu tiempo. No se me ocurre otra manera de celebrar mis 16 años que quejándome en público, ya que el servicio del Sergas brilla por su eficacia.

Y como siempre agradecer a quienes estuvisteis en su momento, a quienes estáis aquí y ahora, y especialmente a quien sigue desde entonces. GRACIAS con abrazos de lluvia.


 Fotos: Marthazul


**Si no entiendes qué son algunas de las fotos de los collages que hice, pues pregúntame con toda confianza.

 

viernes, agosto 04, 2023

Diabética indomable ahora es un fanzine

 
Desde pequeña escribía en mis diarios y libretas, y desde que decidí abrir este blog a finales de 2006, publico algunas de las muchas cosas que escribo. Aparte de pintura, árboles, música y mar, escribo sobre diabetes y cómo es mi vida de pintora hipersensible con esta enfermedad "invisible", especialmente desde que soy usuaria-portadora de bomba de insulina.
 
Después de demasiados meses con diferentes problemas teniendo que enfrentar al personal médico por sus insultos, desprecios y falta de empatía, sigo queriendo hablar de diabetes, aún con más ímpetu. 
 
Y entre todo este tiempo de idas, vueltas, decepciones, mareos, llantos y logros increíbles, a Augusto, quien me acompaña desde hace más de 15 años a este lado del Atlántico, y sabe demasiado bien cómo es esto de convivir con una diabética indomable (el nombre me lo puso el 1º endocrino después de pediatría, y me gusta más que lo de Belladurmiente, cansina, pasota o caso raro, como me llamaron a veces quienes supuestamente estaban para atenderme), pues se le ocurrió seleccionar algunos textos míos (acompañados de ilustraciones sobre diabetes y evidencias de cuadernos donde registraba todo lo necesario y a veces le dibujaba flores encima para sobrellevar el drama... invisible) y darles forma de fanzine, o librillo donde leer cosas que algunxs pueden entender porque lo viven muy similar. Es mi pequeña aportación, más allá de la ciencia, esa que a veces se olvida de que lxs pacientes somos humanxs, cada quien con sus vidas.
 
Si queréis algún ejemplar (cuesta 5€), podéis escribirme a marthazulpintora@hotmail.com o contactar desde rr.ss de Tazalunarbooks que es el sello editorial que lo diseña e imprime. Gracias.
 
      

 

domingo, abril 02, 2023

15 años conectada a una bomba de insulina

Casi 37 años viviendo con DMtipo1, y hoy "celebro" 15 años conectada a una bomba de insulina y su respectivo catéter clavado, que solo desconecto en momentos de libertad, con todo el quebradero de cabeza que supone hacer eso que llaman "vida normal". Pinchazos incontables, algunas veces con picores y dolores fuertes, llantos, mareos, sustos de sangre, siempre con cálculos matemáticos infinitos las 24horas, auto-observación y tropecientos pendientes más. A veces decido recluirme, para seguir caminando. 

Sigo con el mismo cacharro desde junio de 2016, porque aunque la pandemia fue la excusa para muchas cosas, no me la quisieron cambiar "cuando tocaba" en 2020 por mi negativa a llevar sensor de glucemias. Cosa que decidí  usar el pasado abril (por cansancio de escuchar a profesionales, y para comprobar en mi propia piel si era cierto lo que decían) y, comprobé que nada se cumplía, y para mí, resultó ser una tortura de 21 días llevar conectada la Tandem, y decidí regresar a la que aún tenía. En este tiempo de estar en el limbo de las desatenciones médicas (en parte motivada porque mi doctora de antes me dijo "Estoy cansada -de ti-, búscate a otro endocrino"), pensé en volver a las inyecciones de siempre. Conseguí que me lo aceptasen, probé y la pasé fatal porque fue un suplicio para mis músculos y mi piel (evidente cambio del cuerpo, con sus achaques y sensibilidades del paso del tiempo), además de que estuve casi un día en hiperglucemia constante con multipinchazos y casi sin comer. Entonces volví a decidir conectarme a "mi bomba", por descarte. No había de otra. Pero también sé que si no me hubiera atrevido, me quedaría con la duda de no haberlo intentado, creyendo que sería mejor.

Aún así, en estos meses revueltos, conseguí algo inesperado por todxs: bajar la dichosa HbA1c que llevaba años trepadita. Y sí, lo logré yo sola, sin doctoras, ni sensores, y con una bomba que dicen que no valía para nada. El remedio, me lo guardo, como uno más de mis tantos secretos.

Toca seguir pensando y tomando decisiones glucémicas sin que nadie lo note, será un super poder que tenemos quienes nos tocó vivir con esto. 

Hace relativamente poco, alguien que creía más cercano de lo que casi nadie se imagina, me dijo: "Tú eres muy fuerte y puedes con ese aparatico y mucho más; ya tú sabes, hay que tirar pa'lante". En su momento me lo creí, como todo lo demás que vi y escuché, pero la verdad que tengo momentos en que estoy cansada de ser fuerte, de tener que aguantar, de atreverme a decir lo que siento y que no me escuchen, de que no le den importancia a mis sensibilidades.

Pero aquí sigo, aunque tropiece, aunque me cueste un chingo levantarme, aunque me maree, aunque llore un río, aunque sienta diferente a la mayoría.

Y en parte es porque tengo la suerte de contar con un puñadito de personas que sí saben cuidarme, escucharme y entenderme, a quienes les puedo contar mis dramas y mis luces y me regalan consejos de verdad, aunque siga siendo una diabética indomable.

Y lo seguiré siendo, aunque tenga momentos de absoluta debilidad, de repente aún me queda fuerza para seguir autocuidándome, y lograr enfocarme para trabajar en nuevos proyectos, ya sean lienzos, calendarios o libros, agradables paseos, charlas reconfortantes o inesperados conciertos.

Gracias a lxs de siempre, a lxs nuevxs, e incluso a quienes decidieron irse dejándome más heridas, pero en especial a quienes seguís aquí, que lo compensáis todo, ya sea a unas calles, en el pueblo de al lado, o a cientos y miles de km. Siempre gracias.

Fotos: Marthazul

 

viernes, abril 02, 2021

13 años conectada a una bomba de insulina

Hace justo un año escribía ESTO intentando creer que el confinamiento de la pasada primavera era algo puntual, no eterno y engañoso como parece.

Hoy cumplo 13 años conectada a la bomba de insulina (B.I.C.I.), sigue siendo la misma (Cachisme rosa) porque un tal covid19 detuvo demasiadas actividades a-normales y porque una bomba nueva supone aceptar la conexión permanente a un sensor de glucemias... Y no quiero tener más cacharros clavados en mi cuerpo.
 
En 2020 estuve 38 días encerrada porque alguien del Hospital me ordenó no salir ni al pan y después quiso obligarme a conectarme otro sensor, porque supuestamente soy "un número (no persona) de super riesgo" pero solo cuando a ellxs se les antoja; menos mal que mi doctora actual es cada vez más comprensiva con mi hipersensibilidad y es la primera en decirme que nadie me obligará a llevar nada extra que yo no quiera.

Como una vez me dijo un doctor hace bastantes años, sigo siendo una diabética indomable, porque por mucho que me pase las 24 horas calculando raciones de carbohidratos con unidades de insulina, la vida siempre tiene su impredecible aportación que hace que mágicamente mis glucemias suban y bajen a su antojo, sin importarles que sea de noche o día festivo, viernes santo o findeaño.
 
Harta de que me digan cosas como: "Haz vida normal" MENTIRA, cuando lo 1º que haces al amanacer es pincharte un dedo; "Pero tú te cuidas y estás controlada" MENTIRA, cuidarse no tiene nada que ver con mantenerte equilibrada glucémicamente hablando; "Con la bomba mejorará tu Hb1Ac y tu calidad de vida" MENTIRA, la hemoglobina glicosilada varía según tus des-niveles, o incluso mejora si te la pasas en hipoglucemia y no te sube pero no vives, y la calidad de vida estando pendiente de tantos factores como hasta la manera de vestirme, pues la pongo en duda... O será que soy una excepción que rompe casi todas las reglas. 

Siendo bombera genero demasiados residuos médicos cada 3 días aproximadamente; a veces los planes se rompen porque el catéter se llenó de sangre, y tienes que detener lo que estabas haciendo para atender a los accesorios que llevas clavados en la piel; te despiertas cuando no querías, debes de pincharte un dedo porque te sientes rara, y con las pocas neuronas que tienes activas decidir si te tomas un azucarillo o dos en caso de estar con hipoglucemia, y saber pulsar los botones correctamente cuando tu cuerpo y tu mente están súper débiles, y en caso de estar con hiperglucemia debes de quedarte alerta para pincharte el dedo cada 30 minutos, ver qué pasa y decidir cuál será el siguiente paso; y después tienes rebotes glucémicos con sus respectivos bruscos cambios de humor... Brusquísimos, y nada saludables ni para tí misma ni para quién esté contigo.

La mejor alternativa natural siguen siendo los baños de bosque con los sueños del oleaje y la calma del Mar.

 
Fotos: Marthazul


jueves, abril 02, 2020

12 años con bomba de insulina

Hoy cumplo 12 años conectada a una bomba de insulina. Sigo sin saber cómo celebrar estas cosas de la diabetes, solo a veces me apetece escribir sobre algo que me acompaña las 24 horas desde hace casi 34 años. Esta primavera me tocaría cambio de modelo (azul, violeta, rosa, ¿?) pero algo llamado coronavirus nos tiene más que en stand by.   


Quiero darle visibilidad desde mi aparente "vida normal" que me obliga a llevar 20 días de encierro que aún no acaba. Debo de admitir que después de tanto tiempo con nervios, mareos, llantos, miedos, picores y dolores, a veces me siento muy bien cuando el pinchazo va como si nada y "lo disfruto". Aunque lo que más me gusta de todo es desconectarla, sumergirme en el agua y soñar otras realidades... será mi espíritu rebelde. La cuarentena por covid-19 no me permite dar baños de bosque ni de mar, así que no me queda de otra, que refugiarme en los recuerdos e imaginar nuevos planes de futuro incierto.


A veces los reservorios no hacen click, y el catéter tampoco, aquel que te pinchaste para cruzar el Atlántico, se mueve con la ropa, vuelas trepada glucémicamente, le pides mucha agua a las azafatas y poco a poco todo se va regulando. Voy cargada en cualquier viaje, y si es transoceánico más aún, llenando el equipaje de por si acasos, que solo ocupan física y mentalmente. 

 

Otras veces al catéter pinchado le brota sangre de repente, y tu supuesta vida normal se detiene porque una pieza de plástico reclama atención urgente. Por suerte, estas sorpresas son escasas y las llevo cada vez mejor (lo siento quien esté viendo esto y les dé cosa verlo, pero es parte de vivir con Diabetes Mellitus Tipo1; ésto y otros temas de los que todavía nunca hablé).


Es importantísimo rotar las zonas de pinchazo, para evitar males derivados por ello. Sí, nos la pasamos sabiendo e intentando evitar esto, lo otro y lo otro, pero como canta Carlos Méndez "... No somos dioses, hoy aquí no hay más ná..." y a veces hay que pasar un poco.

  
Esa pieza azul sobre el catéter esconde la aguja con la que queda clavado, luego se retira cuidadosamente, se va despegando el catéter usado y te quedan esos circulitos sobre la piel, que el catéter y "la vida normal" fueron marcando durante 3 días. Esos 3 días que son mi medida de tiempo, no "ya contarás por semanas" como alguna vez tuve que oír por eso de ser mujer.



Estos son los residuos que genero cada 3 días. Sí, no es compatible con ser zero waste, pero lo hago lo mejor que puedo reciclando al máximo.


Gracias al mejor enfermero y a quienes me escucháis desde siempre y no os da rollo todo esto. Como le dije a mi madre cuando fui diagnosticada en los 80's, ya sé que "hay cosas peores" pero la inocencia de una niña no imaginaba que con el paso del tiempo, acabaría asimilando la vida conectada a una máquina con pila y alarmas varias, que sabe leerla al revés, sin contar la decena de pinchazos diarios en los dedos, los alucinantes cambios de sensibilidades glucémicas, la importancia de la alimentación (que no tiene nada que ver con esa desalmada fotocopia de la nutricionista calculadora de carbohidratos), las contracturas mentales, las rutinarias visitas médicas y la autodisciplina. Pero aún así es compatible con ser feliz, seguir soñando y que esos locos sueños se cumplan.


Fotos: Marthazul y A.Metztli


miércoles, junio 12, 2019

Brotan las flores y los mares

Nueva temporada. Nuevas pinceladas. Nuevas disponibilidades. Nuevas propuestas. Nuevas músicas. Nuevas miradas... Con frutas, flores y legumbres de temporada e infinitas glucemias.

Si te gusta alguna pieza y quieres más información, puedes escribirme a marthazulpintora@hotmail.com    Gracias.

Óleo sobre papel; 16 x 23 cm

"Ungüento de flores"  
Óleo sobre papel; 12 x 16 cm

"Mar en calma"
Acuarela y lápiz sobre papel; 10 x 25 cm

"Glucosa en hiedra"
Acrílico sobre papel tapiz; 20 x 23 cm



Fotos y pinturas: Marthazul.



Septiembre se fue

Septiembre se fue, con soles, lunas, calor, viento, lluvia y eclipse de nubes. Septiembre se fue con Yemayá y Oshún, con azules permanente...