
Nos acercamos a la arena, con el corazón tocado por la muerte de Sara, trágica e inesperada como la de Toñito, también en la noche de San Juan, pero de hace más de 15 años... No celebramos ningún ritual de fuego, simplemente y con nuestro silencio, entre el gentío y los fuegos artificiales, vimos y escuchamos el arder de las hogueras, de las chiquitas y alocadas de los adolescentes embriagados, y de la grande, la madre de las hogueras, arropada por multitudes saciadas con sardinas, panes y vinos... Multitudes de gentes, de abuelos y nietos, de padres sin hijos, de hijos sin padres, de hijos sin hijos, de amigas paseadoras de chandal y colesterol, de parejas nuevas y de siempre, en grupos, solos y acompañados... Todo ardió con una fuerza mágica y festiva, con sonidos estrepitosos y murmullos infinitos... Improvisé un ritual interno, dedicado al alma de mi Tía Sara... Se acabó, se quemó, voló, dejó de sufrir y descansa en paz junto a su Ángel...









0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada