Catálogo "Ahuacatlmolli/Guacamole"

domingo, julio 27, 2008

Un arousano en su rincón: Luisiño.

Hoy no ha venido a casa de la abuela a tomar café y hace días que no le vemos, pero nos avisaron de esta noticia otros amigos de la casa, Amalia y Manuel. Les presento oficialmente a Luis Renda, a quien hoy le dedicaron una hermosa página en la edición de Arousa en La Voz de Galicia. Me he emocionado leyéndola ahorita, porque soy fiel testigo de eso que cuenta y que a veces también nos cuenta mi padre, que es su mejor amigo desde siempre, y también para todos los de casa, una de las personas más entrañable que conozco y de quien recuerdo su positivismo y su sonrisa con ojitos achinados desde que era una enana. Pero nosotros lo conocemos como Luisiño, y yo le tengo un cariño especial, y todos mis amigos cuando lo conocen me dan la razón porque es un hombre encantador. Sé que es un personaje único en este pueblo, y todo el mundo lo conoce por cosas buenas. Yo le estoy muy agradecida, ya desde los regalos desde chiquita el día de Santa Marta o cuando se va de excursión o de vacaciones a Canarias, pero también por guardarme los recortes de periódico de todas mis artistadas, por tener en sus paredes cuadros desde que empecé a pintar, por presumir los carteles de los proyectos artísticos que hago en la ciudad, por ser el mejor camarero en mis exposiciones, y por ser la armonía en persona, por su eterna buena cara y sonrisa... y por lucir mejor que nadie la camiseta que te traje de Tepic... Porque nunca faltas en nuestras celebraciones, porque eres más que de la familia... Por eso y muchas más historias vividas y por vivir, te dedico estas palabras y este espacio en mi blog. Ah!! y nos vemos el sábado!!!! Ay qué nervios!!!!! Fijo nos haremos una foto contigo por ser un invitado tan especial. Gracias de mil colores, Luisiño.

Luis bien se merece una cerveza de verano en el club en el que él tantas sirvió a lo largo de 48 años
Autor de la imagen: | MÓNICA IRAGO


http://www.lavozdegalicia.es/arousa/2008/07/26/0003_7012889.htm

arousanos en su rincón

Luis Renda García «Dicen que yo hacía bien el famoso dry martini, y algo de cierto sí hay»

Buen bailarín y mejor amigo, Luis encarna la mitad de la historia centenaria del Club de Regatas de Vilagarcía, al que llegó de botones y abandonó como toda una institución
Autor: Serxio González
«Hombre, si te soy sincero, al club no lo echo nada de menos. Echo de menos a la gente, claro que sí, pero no el trabajo, que fueron 48 años, caramba, y ahora se está muy bien así». Luis llegó al Real Club de Regatas de Vilagarcía a mediados de los cincuenta. «Antes de la mili ya estaba yo aquí, de botones, con un traje de marinero, que era lo que se llevaba».
El piso de madera del gran salón brillaba hasta deslumbrar. Lógico, puesto que la primera tarea diaria del personal era darle su señora capa de cera. Corrían los buenos tiempos del club. «De junio a septiembre veníamos a las nueve de la mañana y hasta las cuatro de la madrugada no salíamos». Antes del mediodía se tomaba el vermú. «Dicen que yo hacía bien el famoso dry martini, y algo de cierto sí hay porque yo también lo probaba, aunque nunca me gustó la ginebra», confiesa Luis.
A la hora de la retirada, los jóvenes esperaban a sus padres en las escaleras que dan acceso al primer piso. «A partir de las doce se jugaba al póker, y antiguamente la partida se hacía arriba, en la mesa más grande, la de siete personas». Jugadores y camareros compartían su propio código para hacerse entender de arriba a abajo. Dos toques para pedir cerveza; uno para el agua. No faltaban, tampoco, almuerzos y cenas. «Había mucha costumbre de coger el pulpo en La Marina [tú no te acordarás, pero en lo que hoy es La Marina antes había dos locales, el que te digo y La Banderita], la señora Manuela lo hacía estupendo, y traerlo para aquí». Cuando la partida era de las buenas, mejor «una tortilla o unos sándwiches del California».
Luis conoció el mar bañando la avenida de A Mariña. La rampa que se abría frente al club, «el hotel Casablanca, con su famosa terraza», imágenes de una Vilagarcía desvanecida a golpe de relleno. «Lo que han movido es el mar, porque el Club de Regatas está en el mismo sitio».
En su día, los propietarios del desaparecido hotel lo eran también de las dos plantas superiores de la sede del club, que finalmente fueron adquiridas por los socios. De aquella época queda el recuerdo de las habitaciones con baño individual.
En verano la cosa estaba más difícil, pero no todo, claro, era trabajo. «Siempre me ha gustado ir al cine, diario, y también a las fiestas, a bailar. Todavía lo hago, ¿eh?». La pandilla de amigos procuraban no perderse una, «a Santa Marta, al pulpo a San Simón...». Y todos los años, a Canarias «con unos amigos que también venían por aquí; aún estuve un par de semanas este mismo año, en Carnavales».
Los recuerdos fluyen con naturalidad. La mesa de billar de tres bolas, las partidas de Juan Varela de Limia, el recorrido por la ría con don José Pita, ostras, vino y final en el Chocolate. La misma naturalidad con la que Luis pasea hoy por el salón del club. No lo frecuenta demasiado, pero sus puertas están abiertas para él. ¿Por qué no una cerveza?
Un dry martini de libro, profesionalidad escrupulosa, excelente bailarín en activo. ¿Hay algo más que se le dé particularmente bien a Luis? Según dicen, y es fácil comprobarlo, el cuidado de sus amigos. Uno de los momentos que recuerda con especial cariño, ya después de jubilarse, llegó con el premio naranja, una tradición instaurada por su peña de compinches. «Cuando los de la peña me lo dieron, la verdad es que no me lo esperaba y fue algo muy bonito», asegura. El trofeo en cuestión es «una naranja de madera, muy bonita, que hace Chazo». Nadie parece capaz de agriarle el carácter a Luis con un limón. Bien merecida está esa naranja.


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