El otro día paseamos por el puerto... Nos detuvimos delante del barco donde vive una familia (el que le sorprende a mi padre) y del otro que está abandonado, oxidado, graffiteado (que le sorprende a Augusto)... y como siempre acabé fotografiando más aguas y aguas... Agua de mar, agua saladísima, agua de puerto... Agua de amores, de historias secretas que se llevan las olas, con los pececillos que pululan entre motores y cuerdas... Aguas verdes y azules que nunca se van...


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