Leo historias de mujeres. Escribo, mucho. Fotografío instantes. A veces pinto, a veces beso árboles. Cuido plantas y conejos. Respiro con DMtipo1
sábado, mayo 20, 2023
Conjuro trasnocéanico 16 años después
jueves, mayo 18, 2023
Mar y bosque son casa
Sosteniendo "Un mar como una casa" sobre "El jardín de Fida" (verano, 2022)
viernes, abril 21, 2023
"Una queriendo ser dos" 23 años después
Marta, 2000
Así firmaba por ese entonces, en México descubrí que la hache intercalada que me escribían de manera natural, aquí incomodaba con su silencio, y me la adjudiqué al nombre artístico.
Escrito en primavera de 2023:
viernes, abril 07, 2023
Milpa de mi Corazón
Milpa de mi Corazón (Acrílico sobre lienzo; 1 x 3,20 m)
Marthazul, primavera 2021.
La propuesta era el maíz y los 4 elementos. Pensé en milpa y un horizonte que uniese las 3 piezas del mural. Elegí una planta de maíz donde se viese desde la raíz a las hojas, flores y mazorcas, inspirada en diferentes plantas reales que gente de Galicia y de México cuida en sus tierras.
El maíz es el protagonista por eso está en el centro de la obra. A ambos lados están los cuidadores de la milpa. A la izquierda un nopal y a la derecha un maguey, también versionados en plantas verdaderas de aquí y de allá.
De todas las referencias que tenía, elegí un nopal de los más débiles que vi hace años en la zona de Teotihuacán, añadiéndole la penca media luna de otro de los infinitos nopales que hay frente a la pirámide del Sol. Las espinas son de diferentes colores, y en algunas pencas las sustituí por puntos típicos de bordados de ropa, a modo de diferentes puntadas de hilos que se pueden ver en las variadísimas prendas bordadas por manos indígenas, como el punto cruzado de las artesanías huicholas.
El nopal crece rompiendo un tejido que semeja un mantel de color rosa mexicano, que podría estar en cualquier mesa para servir comida. Junto al nopal vuela un colibrí que va en busca de una flor bordada, y en el mismo cielo revuelan hojas y flores de plantas de diferentes jitomates.
Las flores voladoras, que se ven en la primera parte, son detalles de unas artesanías típicas de barro de Metepec. Abajo crece una planta de calabazas galego-mexicanas con hojas y flores trazadas con líneas a modo de figuras de artesanía huichol. También vuelan diferentes flores de chiles que se van hacia la planta del maíz para seguir cuidando a la milpa.
En el centro cae lluvia como riego indispensable que el maíz necesita, y bajo el que se va enredando una planta de frijol, que le da sentido a la milpa. Abajo hay un gran corazón, imitando las artesanías de latón, con alas de fuego huicholas, que está dando toda la energía y amor a la milpa.
La tierra continúa su horizontalidad y se convierte en orilla de agua dulce y salada. El maguey crece en una zona aislada como metáfora de Tenochtitlán. Las pencas de maguey tienen muy variados usos, entre ellos, cubrir el horneado de algunos ingredientes para cocinar las recetas de determinados tacos. En una de las pencas hay una estrella, que representa el lugar donde vivía la diosa Mayahuel, que su abuela tenía prisionera hasta que ella decidió escaparse con Quetzalcoatl y al morir se convirtió en maguey.
Las mariposas monarca cruzan México desde el norte, una la vi hace años en su camino por Jalisco, y las otras las retraté viendo fotos de un Santuario de Monarcas del estado de México.
Un trabajo de 6 meses, desde pensar la idea hasta firmar el mural, más de 100 horas de decisiones y pinceladas, acompañada de café y mucha música, sobre todo mexicana, para ambientarme y sumergirme en la obra pintada en Galicia con destino a Cascais.
Marthazul, verano 2022.
domingo, abril 02, 2023
15 años conectada a una bomba de insulina
Casi 37 años viviendo con DMtipo1, y hoy "celebro" 15 años conectada a una bomba de insulina y su respectivo catéter clavado, que solo desconecto en momentos de libertad, con todo el quebradero de cabeza que supone hacer eso que llaman "vida normal". Pinchazos incontables, algunas veces con picores y dolores fuertes, llantos, mareos, sustos de sangre, siempre con cálculos matemáticos infinitos las 24horas, auto-observación y tropecientos pendientes más. A veces decido recluirme, para seguir caminando.
Sigo con el mismo cacharro desde junio de 2016, porque aunque la pandemia fue la excusa para muchas cosas, no me la quisieron cambiar "cuando tocaba" en 2020 por mi negativa a llevar sensor de glucemias. Cosa que decidí usar el pasado abril (por cansancio de escuchar a profesionales, y para comprobar en mi propia piel si era cierto lo que decían) y, comprobé que nada se cumplía, y para mí, resultó ser una tortura de 21 días llevar conectada la Tandem, y decidí regresar a la que aún tenía. En este tiempo de estar en el limbo de las desatenciones médicas (en parte motivada porque mi doctora de antes me dijo "Estoy cansada -de ti-, búscate a otro endocrino"), pensé en volver a las inyecciones de siempre. Conseguí que me lo aceptasen, probé y la pasé fatal porque fue un suplicio para mis músculos y mi piel (evidente cambio del cuerpo, con sus achaques y sensibilidades del paso del tiempo), además de que estuve casi un día en hiperglucemia constante con multipinchazos y casi sin comer. Entonces volví a decidir conectarme a "mi bomba", por descarte. No había de otra. Pero también sé que si no me hubiera atrevido, me quedaría con la duda de no haberlo intentado, creyendo que sería mejor.
Aún así, en estos meses revueltos, conseguí algo inesperado por todxs: bajar la dichosa HbA1c que llevaba años trepadita. Y sí, lo logré yo sola, sin doctoras, ni sensores, y con una bomba que dicen que no valía para nada. El remedio, me lo guardo, como uno más de mis tantos secretos.
Toca seguir pensando y tomando decisiones glucémicas sin que nadie lo note, será un super poder que tenemos quienes nos tocó vivir con esto.
Hace relativamente poco, alguien que creía más cercano de lo que casi nadie se imagina, me dijo: "Tú eres muy fuerte y puedes con ese aparatico y mucho más; ya tú sabes, hay que tirar pa'lante". En su momento me lo creí, como todo lo demás que vi y escuché, pero la verdad que tengo momentos en que estoy cansada de ser fuerte, de tener que aguantar, de atreverme a decir lo que siento y que no me escuchen, de que no le den importancia a mis sensibilidades.
Pero aquí sigo, aunque tropiece, aunque me cueste un chingo levantarme, aunque me maree, aunque llore un río, aunque sienta diferente a la mayoría.
Y en parte es porque tengo la suerte de contar con un puñadito de personas que sí saben cuidarme, escucharme y entenderme, a quienes les puedo contar mis dramas y mis luces y me regalan consejos de verdad, aunque siga siendo una diabética indomable.
Y lo seguiré siendo, aunque tenga momentos de absoluta debilidad, de repente aún me queda fuerza para seguir autocuidándome, y lograr enfocarme para trabajar en nuevos proyectos, ya sean lienzos, calendarios o libros, agradables paseos, charlas reconfortantes o inesperados conciertos.
Gracias a lxs de siempre, a lxs nuevxs, e incluso a quienes decidieron
irse dejándome más heridas, pero en especial a quienes seguís aquí, que lo compensáis todo, ya
sea a unas calles, en el pueblo de al lado, o a cientos y miles de km. Siempre gracias.
Fotos: Marthazul
sábado, marzo 04, 2023
El camino de la artista
Frío, triste, decisivo y solitario febrero de 2022. Reacciono a una historia instagramera de la mismísima Nata Moreno, y ella me responde "Léete: "El camino del artista". La curiosidad por esa recomendación de quien apenas me conoce de nada (que me pareció tan directa como brusca porque soy sensible a detalles que parecen insignificantes), me llevó a comprar ese libro, después de buscar información donde decían que era recomendable para cualquier artista y que siempre daría herramientas útiles para todxs.
Lo comencé a leer con Pancho a mis pies. Continuaba de a poquitos, asimilando qué onda (me) decía la autora. Me malvibró que nombrara tanto a un tal dios, y me pareció muy serio, y un tanto repetitivo, salir de sus adicciones volviéndose alguien que propone/impone ese espíritu creativo. No me encajaba aplicar el mismo método para superar una adicción con lograr ser creativa, si yo estaba desmotivada por sentirme triste, humillada y engañada por lo que creía era una amistad de tantos años.
Pero como me gusta cumplir mi palabra, o al menos intentarlo, comencé a hacer las actividades según indicaba, quizás arrastrada por la niña aplicada que fui o tuve que ser. Siempre había algo que me sorprendía en positivo (como algunas cosas que casi nadie te suele decir que prestes atención) pero otras que no me gustaban, ni encajaban con mi forma de ser, ni de trabajar, ni de crear. Siempre latía esa sensación de "pero yo no estoy/soy así" porque yo sabía que lo que me bloqueaba eran el frío y la tristeza.
Una de las tareas en las que hace especial hincapié para "volvernos creativas" es escribir a mano 3 páginas cada mañana como primera actividad del día. Sí. Escribir lo que sintamos, ya sean las tareas domésticas del día, el sueño/pesadilla que hayamos tenido, la lista de la compra, las ideas, preocupaciones, locuras y demás ocurrencias... Escribirlas.
Sin contar que habemos gente lesionada que nos duele escribir tanto a mano, y además con enfermedades crónicas que siempre nos condicionan. Me lastimé bastante el brazo derecho, más de lo que lo tengo, gracias a la señora Cameron. Entonces comencé a escribir menos, pero manteniendo la rutina cada mañana. Con sueño y ruidos vecinos. Lo logré, pero lo fui dejando. Aún así, llené la libreta amarilla, que hacía tiempo había comprado en la desaparecida librería Montáns, a la que les puse una pegatina de mis Besosdearbol y otra de mis íntimas melenas, que guarda cientos de páginas que se convirtieron en el diario que por unos meses logré llenar de recuerdos, pasados y presentes con firmes propósitos, pero era de esas cosas que, desde hace décadas, escribo igual en mis otras libretas, con la gran diferencia del momento y la obligación de escribirlas.
Admito que hubo temas que si no hubiera leído parte de ese libro no me los hubiera re-planteado, como la maravillosa lista de recordar a quienes me habían dicho cosas lindas de mi manera de pintar, y que desde entonces sigo teniendo en mi cuaderno de bocetos. Pero también me di cuenta de que, una vez más, no encajaba con los tipos de artistas/creativas de los ejemplos que daba. Por eso no me apeteció seguir a sus órdenes. Y como cada primavera, volvió a rebrotar y brillar mi creatividad, y logré pintar a pesar de problemas de salud constantes.
Siento decir que a mí no me resultó decisivo, si no anecdótico, casual, y a veces un tanto molesto, indiferente y lejano geográficamente.
Aún así, de todo se aprende, como seguir en mi camino, el mío, el de la artista que prefiere los carreiros con regatos rodeada de margaritas rebeldes, mariposas blancas, conejos mágicos y manzanas silvestres, al asfalto infinito y directo a las supuestas estrellas de falsas luces y reconocidos premios que ocultan auto-descuidos, contaminación, clasismo y machismo.
En mi camino de 2022, a pesar del dolor y el llanto, pinté semillas, tierra, lluvia, arcoiris, flores menstruales, luces de escenario, y plantas de Frida que se transformaron en decenas de calendarios viajeros. Ahora en el 2023 sigo dando forma a mares fríos y contaminados a los que les esperan recompensas de hoguera, algas y flores, con los tejidos desvanecidos de un viaje, junto a miles de lunas, sueños y olvidos.
Gracias Julia y Nata por el nuevo aprendizaje para mejorar la técnica de "pintar mi raya".
Gracias AM por respetar mi espacio y darme el cuidado tan necesario. Sigamos en nuestro camino enrevesado, donde sabemos detenernos a ver la belleza de las hojas cuando caen y se regeneran.
Gracias a todxs lxs demás.
Fotos: Yo, la artista.
jueves, octubre 27, 2022
"El jardín de Frida" es un cuadro y también es el calendario 2023 de Besos de Árbol
Abril 2021. Me comunican amablemente que debo de modificar las medidas del mural "Milpa de mi corazón" que en marzo ya había comenzado a pintar.
A pesar de la restricción horaria por oleadas contagiaderas de pandemia infinita, salgo a caminar sin rumbo para pensar cómo solucionarlo. Las lágrimas me llevaban al río, pero las piernas decidieron ir al mar. Soy invisible para las luces de la policía portuaria, y me concentro en escuchar las leves olas mientras observo las estrellas. Me fijo en la oscuridad del horizonte y sentada en la arena decido cómo transformar el mural, no solo su tamaño, si no también su composición más reducida, y qué hacer con el lienzo "inservible". Lo tuve clarísimo: Lo convertiría en el jardín de Frida, el de su casa Azul en Coyoacán, CDMX, que pude visitar un par de veces.
De regreso, un mensaje reconfortante y correspondido con quien fue mi colega musical, y entre otras muchas cosas, también acompañante en la distancia de ese mural con destino Cascais.
Septiembre 2021. Retomo el lienzo y a paso muy lento y despreocupado, comienzo a sembrar en él, algunas de las muchísimas especies vegetales que dan vida a ese jardín.
Parón emocional inevitable de otoño a invierno, y en primavera vuelvo a poner el foco en el lienzo y tímidamente comienzan a brotar más plantas sobre la tela llena de azules.
Verano 2022. Con las ideas claras y reencaminada, decido centrarme en ese cuadro al que siempre le llamaba el cuadrote. Pinto sin parar cada anochecer, y casualmente lo termino el último miércoles de agosto, justo el mismo día que alguien muy especial y yo cumplíamos 25 años de censura familiar. Una, que recuerda y celebra cosas que "ni al caso".
Los altibajos glucémicos y las pinceladas en ola de calor, siempre más llevaderas con ventilador, frutas, cafés, helados, almendras, la camiseta azul y mucha música, siempre música. Además, el mejor compañero de siestas, pinceles, consejos y cenas, los mejores críticos peludos a mis pies descalzos, y un puñadito de amigxs dándome ánimos con la frescura que les transmitía lo que les iba compartiendo.
Septiembre 2022. Cientos de fotos en varias sesiones lumínicas para registrar la obra terminada, y para que 13 de esas imágenes formen parte del próximo calendario_2023 de mi eco proyecto Besos de Árbol (ahí podéis ver la información detallada del calendario).
Logré transformar el lienzo de la milpa en el jardín de Frida, con mis recuerdos en ese envolvente lugar. Mis vivencias mezcladas con conocimientos friduchos, aprendidos en los cursos que ofrece el Museo Frida Kahlo, en un cuadro lleno de plantas, árboles, flores y espinas, que
arropan a la pasión y al dolor de la vida, con fuego, agua, costuras y
lazos familiares, siempre presentes en los autorretratos de Frida con sus animales de
casa. Y después de pintar tanto, lo convertí en calendario, donde cada mes nos acompañará un detalle, o pequeño universo, de la obra completa.
Gracias especiales a Augusto Metztli por ayudarme con el diseño, la maquetación y todolodemás, un año más; y a Horacio Medina por los nombres exactos de las plantas retratadas y demás promesas cumplidas.
jueves, octubre 13, 2022
Le Petit Garage, mucho más allá de sus luces y sus sombras
La banda de Petit Garage (bolígrafo sobre papel; 9 x 14 cm)
Dibujo hecho en la completa oscuridad del directo (octubre, 2021)
Publicado aquí un año después de tanto, del todo y la nada (otoño 2022).
Inquietudes de Ara Malikian (bolígrafo sobre papel; 9 x 14 cm)
Dibujo hecho en la completa oscuridad del directo (octubre, 2021).
*Algunos de los incontables movimientos de Ara Malikian envuelto en brillos de escenario.
La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar. Una banda de músicos tan talentosos como lo infinito de sus rizos.
Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo fuera del escenario y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín: Ara Malikian, y su banda.
Sabía la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.
A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas”. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.
No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor (nuestro = del guitarrista de la banda y de mí), tanto que tuve entradas para el pase de la tarde y el de aquella noche de discreta luna creciente.
Abrí la mochila verde, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, frutas, almendras, una libreta, un bolígrafo de colores, un regalo-trueque y poco más.
Silencio, expectación y un rotundo prohibido grabar (de ahí
salieron estos dibujos “sin ver”). Comienza el show y desde las primeras notas hasta
las últimas, pude saborear todo el repertorio, algo así como percibir la
armonía de colores en un cuadro bien pintado o la mezcla de ingredientes en una
receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial.
La buena onda que transmiten entre ellos es cierta, y eso se nota cuando se vive tanto arriba
y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera
especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la
fluidez de Iván Melón Lewis, Iván Ruiz Machado, Dayan Abad García y Georvis Pico Milian, vayan de la mano es tarea delicada, y cuando surge es una
maravilla.
Era un paréntesis
espacial en estos tiempos de pandemia infinita en un mundo que no pertenece a
nadie.
Emoción, cercanía, libertad y arte entre artistas.
Fue lo mejor de mi otoño.
Dayan, gracias por este “agasallo máxico” (octubre, 2021).
Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo fuera del escenario y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y disque mago del violín: Ara Malikian, y su banda.
Sabía la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.
A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas” de Nata Moreno. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.
No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor (nuestro = del guitarrista de la banda y de mí), tanto que tuve entradas para el pase de la tarde y el de aquella noche de discreta luna creciente.
Abrí la mochila verde, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, agua, frutas, almendras, una libreta que se llenó de renovados y desafiantes azules, un bolígrafo de colores, un regalo-trueque que pasó de super agradecido a despreciado... y poco más.
Nervios compartidos, expectación, silencio y un rotundo prohibido grabar (de ahí salieron estos dibujos “sin ver”). Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude saborear todo el repertorio, algo así como percibir la armonía/equilibrio de colores en un cuadro bien pintado o la mezcla de ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba genial.
La buena onda que transmiten entre ellos es cierta, y eso se nota cuando se vive tanto arriba
y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera
especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la
fluidez vayan de la mano es tarea delicada, y cuando surge es una
maravilla. Que se solapen actitudes machistas, también va en parte de esta banda.
Era un paréntesis espacial en estos tiempos de pandemia infinita en un mundo que no pertenece a nadie.
Emoción, cercanía, libertad, arte y tantos secretos entre artistas.
Sentí que había sido lo mejor de mi otoño, pero fue lo peor de mi invierno.
Dayan, gracias por este “agasallo máxico” que convertiste en humillante, doloroso y decepcionante, rompiendo una amistad de más de 20 años... sin más.
*** En
mayo de 2022 también me vi obligada a modificar el texto que en su
momento les pareció una delicia (sí a TODOS menos a uno); algunos me daban la enhorabuena por mis
palabras para luego AMENAZARME Y SILENCIARME:
La ocurrencia de un calamar robótico brillando entre búhos y cerdos. Oficina de alienígenas. Hermanas y un tío que no era tío perdido en delirios habaneros. Jarabes y horarios extraños para cerrar un evento de Cultura segura en aquel momento de libre acceso y sin ola contagiadera. Una banda de músicos tan talentosos (musicalmente hablando) como lo infinito de sus rizos.
Sabía de la historia de Ara por lo que mi amiga Loli me contaba, por sus árboles besados en aquel ilusionante viaje a Armenia, y poco más.
A finales de este verano vi “Una vida entre las cuerdas” dirigido por Nata Moreno. Me impactó mucho más de lo que imaginaba, en especial el sentimiento y la realidad de vida de artista a pesar de todas las dificultades socio-políticas.
Sentirme afortunada de escuchar la historia creada por Kairo fuera del escenario y vivir la experiencia al completo en primerísima persona, viendo y escuchando al protagonista cuentacuentos y mago del violín, Ara Malikian, fue inolvidable.
No estaba nada planeado, y la improvisación jugó a nuestro favor (nuestro = del guitarrista de la banda y de mí), como reflejo de una amistad que creía tan sincera como peculiar desde hace décadas, con acceso para los increíbles pases de aquella tarde soleada y noche de discreta luna creciente.
Abrí mi mochila arbórea, olvidada desde la última vez que pisé CDMX, para guardar mis porsiacasos diabéticos, agua, frutas, almendras, un bolígrafo de colores, una libreta en blanco que se llenó de renovados azules, un regalo trueque que se fue al olvido y ya.
Nervios
compartidos, expectación, silencio y un rotundo prohibido grabar. De
ahí salieron estos dibujos “sin ver”, que necesité trazar a oscuras en
un papel sobre mis piernas, mientras me dejaba envolver por la música.
Comienza el show y desde las primeras notas hasta las últimas, pude
saborear todo el repertorio desconocido para mí hasta entonces. Fue algo
así como percibir el inexplicable equilibrio de colores con sus luces y
sus sombras en un cuadro bien pintado o la deliciosa mezcla de
ingredientes en una receta bien elaborada. Todo sonaba y se escuchaba
genial. Era un paréntesis espacial y palpable en tiempos de pandemia
infinita en «este mundo que no pertenece a nadie».
La buena onda musical que transmite la banda al completo es cierta, y eso se nota cuando lo viven tanto arriba y como abajo del escenario. Además llega al público de una manera especial y única que no siempre se percibe. Que la profesionalidad y la naturalidad de Ara Malikian, Iván Melón Lewis, Iván Ruiz Machado, Dayan Abad García y Georvis Pico Milian vayan de la mano, es tarea delicada, y cuando surge es una maravilla, como ver un espectáculo de natación sincronizada sobre el escenario. Pero la misma facilidad tienen para solapar malentendidos con silencios absolutos que ellos mismos convierten en actos machistas.
Pasó y pasaron de cerdos impostores a cómplices machistas, porque son un clan de brothers, y "solo" saben de música.
Emoción, cercanía, libertad y arte entre artistas.
Sentí que había sido lo mejor de mi otoño, pero se convirtió en lo peor de mi invierno.
Dayan:
Gracias por este “agasallo máxico” que convertiste en engañoso y
humillante. Que tu silencio apague tu música, con la de «tu ángel» (pocxs sabemos quien es) y los
demás. Más allá de tus manos está saber hacer el mejor arreglo para esta
canción... Como siempre.
Marthazul (otoño 2021-primavera 2022).
#AraMalikian #LePetitGarage #giraLePetitGarage #Vigo #Intruso #giraIntruso #Galicia #IntrusoTour #amistad #falsedad #DayánAbadGarcía #DayanAbad #IvánRuizMachado #GeorvisPicoMilian #IvánMelónLewis #engaño #cómplices #VilagarcíadeArousa #SonUnClan #CerdosImpostores #PromesasSinCumplir #MaltratadoresCómplices #machismo #machistas #clan #brothers #despreciables #miserables #NadieHizoNada
viernes, octubre 07, 2022
Sentir y pintar, antes y ahora
Marthazul.
sábado, septiembre 24, 2022
Al margen de ojalá en Vilagarcía
Foto: Marthazul, junio 2021
La primavera de 2021, cuando pintaba el mural portátil
"Milpa de mi corazón", recibí el disco dedicado de Andrés Iwasaki que
había apoyado por Verkami.
Septiembre se fue
Septiembre se fue, con soles, lunas, calor, viento, lluvia y eclipse de nubes. Septiembre se fue con Yemayá y Oshún, con azules permanente...
-
Esto se veía bajando mi calle hace tres meses... Sí, después de la fatídica riada que será inolvidable en nuestra historia. La lluvia cayó c...
-
18 abriles amaneciendo con una bomba de insulina. Azul, morada, rosa, negra, negra, negra-arcoiris ... Más de 39 años con diabetes y 18 si...
-
" ... Jamás olvidaré su colaboración y su invitación final de llevarme a uno...













.jpg)
.jpg)





