Catálogo "Ahuacatlmolli/Guacamole"

martes, abril 27, 2010

Tres años sin Abuelo.

Hoy hace 3 años que te fuiste, pero no nos olvidamos porque por una cosa o por la otra siempre acabamos nombrándote, recordándote... por lo tanto sigues existiendo más allá de la memoria, pues te conoce gente que nunca has visto.

Desde hace un tiempo digo mucho esa frase muy tuya de "si caera de ceo" pero estos días parece que por otros motivos tus fotos vinieron del cielo a mi mente, y fui a buscarlas. Del álbum la infancia me quedo con aquel día de verano, las flores del jardín, la abuela y yo con vestidos amarillos, y tu recién llegado de Alemania... y empezaba a conocerte.

Busqué también hasta los cuadernos de mi último año en la facultad, para la que siempre conté con tu ayuda especial, tu defensa ante las injusticias que me ocurrieron desde antes de poder entrar, y hasta la invitación de una comida para celebrar que tu nieta (seguía siendo la favorita ;) ya era Licenciada (no de palabra, si no con todas las de la ley ).

Como siempre, y más ahora, me conmueve ver y recordar tus manos, llenas de fuerza, genio y emoción.
Estas son las manos a las que le pedí un descanso para posar ante mi cámara. Eran un sencillo boceto, que se convirtió en un cuadro que toca la fibra sensible de más de un@... y el reloj con tus buenos momentos y ocurrencias que se quedaron conmigo.

Gracias por la inspiración.

domingo, abril 25, 2010

El sueño de la nanovacuna con brillos dorados


Augusto me guardó esta nota que salió en uno de sus periódicos favoritos www.publico.es


Es claramente esperanzadora, al menos para prevenirla y curarla a quienes lleven poco tiempo padeciéndola. No me quiero meter en el grupo de la esperanza ilusa, pues creo que casi 23 años de diabética son para este caso demasiados. Además desde los 6 me dije "eche o que hai" y seguí pa'lante. Claro que la lunademiel que dijo el pediatra a mi madre nunca llegó, más bien todo empeoró, y por eso decidieron ponerme la B.I.C.I. para probar un intento de mejoría que poquito a poco va cumpliendo su propósito.

En la última consulta, la doctora nos dijo que el transplante o implante del famoso páncreas artificial está " a un cuarto de hora" pero supongo que si llega a ver cómo, cuándo y dónde me encuentra...

Lo que me gustó de la noticia es que los nuevos diabéticos tendrán muchas más facilidades. Claro que también tienen más probabilidades buscadas y autoprovocadas in-conscientemente, que las de antes, que venían sin motivo... o en un estirón. Por la vida moderna todos tenéis muchas más papeletas de que os toque la varita, y vuestro páncreas se ponga en huelga, pero lo bueno es que la ciencia avanza a buen ritmo y lo médico será más cómodo, aunque el día a día será un cambio brusco en la vida del enfermo y su gente.

Por ahora me conformo con no empeorar y no inyectarme 5 veces diarias, aunque sigo sin adaptarme al cambio de catéter, pero ya se cumplió el sueño de mis padres y abuelos: que la niña se deje de pinchar (desde hace 2 años, sólo 2 veces por semana).

Así que seguiremos viviendo y quizá algún día nos volvamos a sorprender con una novedad científica de última generación.

sábado, abril 10, 2010

Entre mareas y fotosíntesis



En el transitorio verano de 2006 comencé a pintar un cuadro verdiazul que acabé a principios del siguiente, inspirada por unas gotas de agua que empezaron bailando, y se conviertieron en un supuesto corazón de zafir tatuado en un caramelo con sabor a menta... Y ahora me doy cuanta de que mi cabeza se parece mucho a esta pintura verdiazul...
Esta mañana vi a dos mujeres con el pelo azul, y recordé que hace ya 11 años yo me pinté la melena de azul y toda la gente me miraba raro... Y ahora soy yo quien mira y piensa O que hai que aguantar... Por qué? porque no sólo notaba que me miraban si no que se paralizaban, llegando a asustarse e incluso a insultarme. Y ahora todas pueden ir con el cabello azul, eso sí con su pelo corto, no he visto melenas... será por el arrepentiemiento azulado y porque requiere cuidados extras... hasta algunas hijas de quienes me pusieron a parir en su momento (aclaro que esta frase es un decir, y doy gracias a la vida por no haber parido nunca porque la que podría haber armado, para eso ya están otras) se tienen que tragar sus palabras y su amor de madre.

Desde el año pasado el azul cambió de matices y le cuesta quedarse en cada uno de mis mechones, cosa que no le pasa al verde, que supuestamente se iba a ir muy pronto y aguanta meses lavado tras lavado...
Y hablando de azules, de unos años para acá también he conocido a unas cuantas mujeres bautizadas con el nombre de Azul, demasiadas que no me alcanzan los dedos de la mano. Pensé que sería uno de esos nombres originales pero al final es uno de muchos, como Blanca y Rosa... Me pregunto si no habrá hombres llamados Azul... Verde... Rojo... Y al final me doy cuenta de que la más auténtica es Martázul (con acento en la á, la del libro de X.A.Perozo) porque lleva el color más puro, y ni qué decir de Azularina.

Y es que a pesar de todo, lo importante es llevarlo por fuera y sentirlo por dentro, porque las apariencias engañan... y dañan.
Después de tantos años creo que ya basta de dar explicaciones de por qué este color... más bien voy a responder a la gallega: y tú por qué lo tienes naranja o amarillo???
Además la melena se destiñe pero los ojos (azules) seguirán viendo muchas cosas que otr@s no ven.

Azul con sabor a menta

Marthazul 2007
Óleo sobre lienzo
50 x 40 cm

martes, abril 06, 2010

Cuentan que en Oaxaca

Fue una manera diferente de comenzar la semana. El lunes anterior habíamos comenzado la aventura saliendo de Vigo, y al lunes siguiente ya estábamos en Puebla rumbo a Oaxaca.
Fue increíble volar hasta Madrid, con los nervios a la espalda y las carreras en busca del morral olvidado, la pérdida de los 80 euros dibujados y los 20 pesos prometidos, la espera de sabernos en la TSatélite, juntos como residente legal y europea con nombre en más de un documento oficial, juntos con anillos compartidos, juntos con Libro de Familia, juntos con ropas repartidas entre maletas, juntos con Azularina, Panchita y Marciano... Juntos con todas las de la ley, la ley de que todo era igual, de que nosotros éramos los mismos, pero de que muchas cosas habían cambiado, e iban a seguir cambiando, y ahí comenzábamos a trazar una nueva huella definitiva para muchos, que se podrían considerar ajenos o incrédulos.
Y hablando de creer, creo que no me creía estar yendo a una lugar tan al sur, donde los propios mexicanos dicen que es una zona diferente y hermosa. Para empezar ni me creía haber cambiado la fría humedad de Vilagarcía por la contaminación del DF, con la calidez poblana, y ahora íbamos a un estado de México que ni Augusto ni yo conocíamos, pero que teníamos muchas ganas de visitar.
Óscar nos acompañó amablemente a la central de buses -CAPU- allí tomaron un café muy caliente, mientras fui testigo de confidencias entre padre e hijo con recuerdos ahumados y planes de futuro inmediato, e intentaba además encontrar el equilibrio visual entre una concha blanca y otra negra, dulces que no acabaron de encantarme.
Subimos a un mítico ADO y el sol nos acompañó todo el viaje. Siempre que viajo observo el paisaje que me toca ver, sobre todo las líneas, las luces, los colores, los ambients, las sorpresas...
Las montañas del horizonte eran suaves y fuertes al mismo tiempo, y como siempre, azules... Nos acompañó casi todo el viaje un volcán, no sé cual, pero era impresionante ver el pico nevado en casi todo el trayecto... Las líneas de alta tensión también fueron constantes, y a veces parecían enmarcar un pentagrama con notas de colores...
Hasta vi un toro de Osborne, el que faltaba!! y me acordé de la primera vez que fui a Guadalajara desde Morelia... uff, atravesando estados unidos mexicanos... atravesando cambios.
Los verdes eran distintos, no tan verdes como el verde del país, pero sí un verde bien verde que aliviaba bastante algunas zonas de tanto cactus. Me impresionó ver como una especie de bosque infinito de nopales enormes (mucha insulina natural salida de la tierra; muchas espinas a flor de piel).
Eran 4 horas de viaje continuo y como era de esperar, me dormí... Al despertar fue inevitable saber que ya estábamos atravesando un lugar nuevo: el verde de antes ya no se veía, y todo era tierra rojiza... Ya no había praderas, si no muchos árboles pequeños en tonos tierra verde o verde oliva.
Una tierra que se veía muy cálida, que contrastaba de manera espectacular con el azul... el azul del cielo.
...que quizá era más azul de lo que se puede apreciar.
El peaje nos indicó que pronto llegaríamos al destino.
Las estatuas-rotondas del bienquerido Benito Juarez fueron la bienvenida al lugar.
Sorprendente fue ver con mis propios ojos las afueras de esa ciudad, una de muchas, con la infinidad de casas (o mejor dicho “viviendas”) que lo invadían todo, donde un montón de gente vive...
...o más bien, sobrevive.
Al cabo de unas horas, de ser conscientes de que hacía calor de verano, de descubrir que en el morral de Augusto ya no estaban su cuaderno de dibujos ni el libro-regalo de Montse y Fer, de ubicarnos en el precioso hotel, de cambiarme el catéter, y de encontrar un lugar donde comer...
Nos sentimos invadidos por la pobreza de muchos, y muchas, oaxaqueñ@s...
Nunca nos habían rodeado tantos indigentes, pero impactados porque la mayoría eran niños y ancianas, que no podían ni con su alma, pero cargaban chingaderitas como si fueran extensiones de su propio cuerpo, y las palabras para vendérnoslas salían solas, como si estuviesen rezando.
Nos dimos cuenta de que nos trataban como si fuésemos la pareja de españoles que estaban en una mesa cercana... fue raro para los dos... Augusto sintiéndose turista en su propio rancho, y yo pareciendo gringa, mientras aquí muchos dudan de mi nacionalidad española.
El calorcito con las comidas nuevas...
Los so-portales, disfrutando de las vacaciones como merecíamos... Las músicas, las flores, en especial las nochebuenas, los árboles de las plazas más céntricas...
Los mercados, los aromas de las calles llenas de vendedores...
... con las bolsas del mandado.
Las trenzas, los lazos...
las blusas bordadas a mano...


Los huaraches, los rebozos, las calacas, los nopales...
Las piñatas y banderitas...
El mezcal con el gusanito real (y una botellita para E)
Los chapulines que de sólo verlos me picaban las piernas, y que del asquito no pude hacer una foto decente...
Los olores tan fuertes... los quesos de Oaxaca, también trenzados...
Los cacahuates enchilados...
...y el café, granos para moler, para beber, y para decorar.
Las familias que trabajan juntas a pie de calle, o a pie de la catedral, con sus niños que no van a la escuela.
Las galerías y los museos... Los cafés para tomar café...
Variadas meriendas y desayunos deliciosos...
Carteles concienciando por el aborto legal y campañas sobre la diabetes...
Manifestaciones de indígenas, pretendiendo ser escuchados... Bicis muy folclóricas para vender frutas...
Café, calor, color... Toda esta desconexión como preparativo para llegar al gran árbol: el gran Ahuehuete del Tule...
Un taxi para nosotros que nos llevó, nos esperó y nos trajo...
Augusto y yo posando delante del árbol más viejo del mundo... y grande también verdad?? si hasta la iglesia se ve chiquita.
Paredes de colores con árboles en todas las calles...
MAyAM allí.
Y para despedirnos, un beso de cafetal y una comida inesperada en casa de la sonriente Olivia y su familia. El regreso a la central de buses, las prevenciones por la influenza... El descanso del regreso a Puebla, y la impaciencia deseosa de Daniel esperándono en pijama.
Eso fue lo último que vimos de Oaxaca. Todolodemásquenoseve se queda en la satisfacción de haberlo registrado todo, en especial las casi 200 fotos de estar con el árbol más viejo del mundo...
A P y M también les gustó mucho la aventura ;)